Viciados de Nulidad
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A chonguear que se acaba el mundo

La Vikinga desbloquea en su diccionario el significado del verbo «chonguear» y nos lo cuenta.

Este texto es culpa de Virginia, yo estaba escribiendo otra cosa. Sin embargo ella le dijo a Cami: «Abrite un Tinder», «cambiá de chongo» y esas frases me sacaron del entrevero libresco intelectual y me prendieron chispas diferentes ahí mismo.

Fíjate que hace unos años las mujeres hetero se referían a pareja, novio, amigo, amigo con derecho,compa, flaco, man, loco con el que salgo etc. etc. y ahora el chongo y los verbos chonguear, chongueando, chongueo están presentes en las charlas mujeriles.

Admito que, cuando lo empecé a escuchar me rechinó el término, lo sentía grosero y peyorativo: como si una mujer colocara a un varón en un lugar de objetivación, menosprecio y se empezara a hacer lo mismo que por los siglos de los siglos nos han hecho a nosotras.

Después entendí que no era esa la connotación del término, y que de alguna manera estaba relacionado al empoderamiento de las mujeres en un vínculo así como también con el ejercicio de deconstrucción del amor romántico y de la ilusión con que las mujeres nos matrizamos en esto del amor.

Porque un chongo alude a un otro en un rol desprovisto de exigencias que otros roles sí lo tienen. Te lo explico mejor: un chongo no se te va a querer instalar en tu casa a lo buque varado y vos no te vas a instalar en la de él. Por tanto, no negociás quién cocina, lava, limpia, hace compras ni andás planificando economías y dividiendo gastos.

El érroneo momento de conocer a lxs suegrxs no lo vas a vivenciar porque esas formalidades se pasan por alto. Para el afuera y lejos de las charlas mujeriles es el amigo, el ser con él, se sale -y entra- y en todo caso está desprovisto de careteadas y de poses para la tribuna.

La exigencia de verle porque sí constantemente y que todo gire en torno a él no la vas a tener, y no va a hacerte escenas de celos ni de ego herido porque no tengas ganas y quieras quedarte en la tuya haciendo la tuya.

En realidad, chonguear hace re bien porque es una invitación al goce, a la diversión, a la alegría, acharlar, a orgasmear, a dormir juntes cuando hay ganas, a disfrutarse, a acompañarse (imaginate que en estas condiciones y acuerdos casi siempre pintan ganas). Y presupone establecer un nivel de autonomía, de espacio personal y de libertad genuinos para ambos.

Vale aclararles que un chongo no es un touch and go. Chonguear es un vínculo con tiempo y espacio compartidos. Hay un acompañarse y necesidades de ambxs en juego, estabilidad, también responsabilidad con las emociones del otre y respeto por las individualidades.

Como se habrán dado cuenta, hay afecto: al chongo se lo quiere y el chongo te quiere. Y si una se lo pone a pensar es un querer re lindo y honesto y se pasa muy bien. Lo que no hay es aguante: al chongo no se le aguanta giladas ni se lo materna en ningún sentido, porque se entiende que los cuidados del y al otre no pasan por ahí.

Lo que de entrada están desdibujadas en esa trama vincular son las matrices de género (porque entre otros aspectos no hay, por ejemplo, una mujer pasiva ni sumisa sino propositiva) y el amor romántico (ese idealizado que todo soporta, que completa, da felicidad al incompleto y donde toda la centralidad y sentido de la vida están puestos ahí). En todo caso al chonguear se muere une de goce y no por amor y de amor.

Es clarísimo que se necesita apertura. No cualquier varón entra en esta categorización vincular de chongo. Un “Cromagnon-machirulo-macho alfa pecho plateado-facho del amor” no podría serlo jamás, porque esos andan pidiendo y reclamando otros aspectos que no tienen que ver con la horizontalidad que el chonguear presupone.

(Che entre tanto que fui describiéndoles omití decirles que los chongos no se enuncian ellos mismos de esa forma, o por lo menos yo nunca escuché a ningún varón que se llamara así mismo chongo aún a sabiendas yo que la mujer que está con él si lo llama así). Llámale H, como quieras.

El caso es que en la charla de la que formé parte no quise aguar la sabiduría de Virginia ni tirarle un flash de posible realidad a Cami. Y además no me gusta dar consejos –porque el lugar del otre es siempre el lugar del otre y me parece una falta de respeto opinar desde ahí– pero el problema de chonguear no es todo lo que vas derribando internamente sino lo que estaría bien que el otre pudiera derribar también.

Porque de no ser así después de un tiempo parece que chonguear puede devenir en otro estar, y hay saltos de cantidad de tiempo que redundan en saltos de calidad que mejor no darlos. Hay saltos que son puro retroceso (por más que adhiera a la dialéctica) y podés terminar huyendo de un chongo recontra re anarco cuando te rompe los ovarios con reiterado/s reclamo/s machirulo/s o una escena de confusión en cuanto a roles.

A veces pareciera que el tiempo operara en contra en lugar de a favor y vos querés seguir chongueando felizmente y el chongo quiere que seas poco menos que la esposa tradicional que todo macho patriarca anhela. Como si el tiempo transcurrido diera la potestad de que se ubiquen en un lugar que no es a pedirte lo que no sos.

Nada che, voy a seguir el devenir de Cami y su Tinder a ver cómo le va. Admiro su coraje; esas cosas me dan paja. En todo caso amigues, dejen la data aquellxs que deseen postularse que hasta se podría hacer un emprendimiento solidario para todes.

Abrázoles en estos días fríos –y de a ratos, lluviosos– que están ideales para chonguear fuerte.

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