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A seguir caminando contraflecha. (Esto no es una Review de Adèle)

Pepis deja latinoamèrica por un rato y se zambulle en el mundo de Adéle y Emma. Con un par de arañazos encima, nos regala su review de un amor tan eterno como fracasado.

28 de junio, día internacional del orgullo LGBTIQ+ ¿qué mejor ocasión (aunque nos pasamos un poquito) para esbozar algunas ideas sobre la la mejor película de amor que haya visto? Cuando se estrenó escribí:

Después de esperarla largos meses y a cinco días de haberla visto por primera vez, y pasada la angustia mezclada con emoción, miro hacia atrás y como superando amores, me atrevo apenas a hablar de ella’

Esto sentí esa primera vez, tenia terror de que me defraudara; tanta propaganda vendiendo el morbo en el que me incluyo, y frente a un director del que poco sabía hasta ese momento, pensé que podía ser una historia más, vendible y pasajera.

Ya en la primera escena, al ver a Adéle (Adéle Exarchopoulos) caminando calle abajo a contracorriente de los autos estacionados sobre la vereda, me rasgué las vestiduras. Si, ésta Blue is the Warmest Colour, (Abdellatif Kechiche, Francia, 2013) tenía mi atención, mi tensión y mi corazón a flor de piel.

La película comienza como termina, la vida sigue de alguna forma, todo es un volver a empezar o continuar ‘con el peso de un ladrillo en el bolsillo’ (frase que tome prestada de ‘Hace mucho que te quiero’, opera prima de Phillipe Claudel) que nunca nos abandona. Adéle se enamora a primera vista de Emma (Léa Seydoux), porque no existe otra manera de sentir el amor.

Una narrativa sin fisuras compone un largo relato en que el guión se ajusta a la perfección a lo que se quiere contar. Como ejemplo alcanza recordar el hecho de que estas jóvenes se crucen por vez primera en la calle. Adéle la ve primero, y Emma no esta sola. Cada plano es un indicio de como se irá desarollando esta universal historia de amor.

Adéle busca sentir (ye le había dicho a su mejor amigo ‘me falta algo’), busca pasión, poder admirar; todos los ingredientes más caros en un amor, o nada. Y se atreve. Emma es de una personalidad más definida, integrada, culta, comprometida con su carrera, y que sin proponerselo enamora.
Sin embargo es la valiente Adéle quien lo deja todo. La que ama como quienes lo hacen para siempre. Ella es la que pone por delante al otro, la que apoya y se enfrenta a todos. En definitiva, a quien le toca hacer el mayor esfuerzo.


Pese a vivir en una sociedad sexualmente liberal como la francesa, sí existen dos lados, y por esos años, estaban muy definidos. A Adéle no le resulta fácil encajar, ni en un lado ni en el otro. Se ve en sus gestos; se ata el pelo cuando está con Emma y se lo suelta en su encuentro con un hombre, síntoma de una holgura que no termina de conseguir hasta que ya es tarde.

Se habló mucho de las polémicas escenas de sexo, e insisto, de todo el filme, es de lo que menos me acuerdo. Muchas y largas, de a ratos incómodas, pero que encajan perfectamente en una pareja joven en la que uno de los miembros se está descubriendo. Solo así se concibe lo que vendrá. La música es un capítulo aparte, con los bailes de Adéle. Y otra vez el pelo incomodando, porque si bien bailar implica libertad, nuestra heroína no sabe muy bien que hacer con ella.

Luego de toda esa pasión del noviazgo, llega el tiempo de avanzar. Y es allí donde comienza a doler el film. Una mirada nerviosa, una tensión que crece, un miedo atroz a la pérdida, el despegue profesional de una y el conformismo sencillo y productivo de otra, comienzan a marcar irreconciliables diferencias. Cómo duele el llanto de Adéle! Ahí es donde se valida el film como una historia pura y exclusiva de amor.

¿Cómo puede el ser humano hamar hasta no poder respirar, hasta que te duelan los huesos?. ¿Cómo aceptar que ya no te aman? Y nuevamente es inevitable tomar distancia de un amor entre mujeres, y se comprende el todo. Es el Amor. Es el único y más grande. El que nace, crece, y muere. El que te hace decir- aún sabiendo que no es verdad. ‘¡Que hija de puta que sos Emma!’ Y claro que Adéle tiene perdón. Nadie puede ni osar dudarlo.

El director, bien sabía lo que hacía, gran conocedor del universo femenino este Kechiche. Es una obra que revive en la memoria pura y exclusivamente por la vehemente y profunda entrega de esta joven y desconocida actriz que nos dio un personaje enorme. Tampoco es un tema menor la estética (que marcó tendencia en los años venideros entre los más jóvenes) de Emma, que la convierte en un ser cautivador. Una historia de amor y pasión de principio a fin. Pero sin final, porque estoy segura que Adéle no aprenderá y seguirá caminando contracorriente.

Pepis

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