Viciados de Nulidad
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Cerca de la revolución

Sin quererlo la compañía HBO ha tocado las fibras más íntimas del estadounidense promedio. En una maniobra muy arriesgada jugó con lo más sagrado que puede tener una sociedad: el final de una serie. Y dejó a todos al borde de iniciar la revolución.

Como casi siempre las circunstancias propicias surgen solas, por el lado donde menos uno se lo espera. Estamos en condiciones de afirmar que se han dado las condiciones para la revolución en Estados Unidos. Las masas se agolpan al acento del nuevo clamor: “Pan, Paz, Tierra y Series que luego de varios años no terminen destrozando el corazón ultrasensible y débil del telespectador moderno”.

Sin quererlo la compañía HBO ha tocado las fibras más íntimas del estadounidense promedio. En una maniobra muy arriesgada jugó con lo más sagrado que puede tener una sociedad: el final de una serie. Y dejó a todos al borde de iniciar la revolución.

Consumo problemático

Hasta no hace mucho, nadie tenía ni la más remota idea quién era George R.R. Martin y si se le preguntaba qué es Juego de Tronos, hubieran dicho que es un concurso televisivo en donde los participantes debían completar pruebas sentados en inodoros. Hasta que un buen día, allá por el 2011 la cadena Home Box Office llegó con una maleta cargada de sueños y un presupuesto de 70 millones de dólares para hacer del desconocido libro Canción de hielo y fuego, un éxito mundial.

Así, desde ese entonces, el romance entre la cadena y su público fue creciendo y creciendo desde el primer día. La gente se enganchó como verdaderos adictos. Y como tales, quienes miraban GOT (denominado popularmente así por sus siglas en inglés), trataban de arrastrar a más gente a la perdición.

Pero en esta última temporada, los libros ya se habían acabado y la cadena, igual que puede hacer cualquier dealer decidió estirar la droga un poco más. Los guionistas debieron seguir la trama, pero ya no tenían la base de los libros y, por lo tanto, se les fue todo al carajo.

Los fans, al principio se aplaudieron con los pies cuando terminó el primer capítulo de la última temporada, pero a medida que pasaban los capítulos, la droga bajó notoriamente la calidad. El final fue como darles azúcar impalpable. El resultado de esto, es similar al que vive el adicto con consumo problemático y le adulteran la falopa: caos y destrucción.

Cerca de la revolución

Caos y destrucción es sinónimo de millennial desconforme. Que viene a ser algo así como un niño chico cuando está aburrido: busca llamar la atención. Si Bolivia hubiera tenido la mitad de indignación que hoy tienen los gringos con el final de GOT, el Che Guevara no solo no hubiera muerto, sino que Evo Morales hubiera seguido cultivando esa coca que llenaría las arcas de la Revolución con dinero imperialista.

Podemos afirmar que en las masas quedó instalado el germen de la disconformidad que impulsa a la sublevación. Entonces, con ese ímpetu y ese ardor que da la juventud, la indignación o la penuria, comenzaron una campaña en la plataforma Change.org para que la empresa que les sirvió en bandeja esta superproducción semana tras semana por casi dos lustros, cambie el final (y de paso a los guionistas).

Para los fanes, esto es un sentimiento muy similar a querer cambiar la Historia (esa que se escribe con mayúscula y que se estudia en la universidad). Por esas cuestiones de la posverdad, en donde no importa los hechos sino lo que se dice de ellos. No les importa lo que ellos vivieron o sintieron durante todos estos años; el problema es quedarse con el recuerdo de un final que indignó a las redes sociales (el artista anteriormente conocido como Opinión Pública).

Jugando y jugando, ya pasaron el millón de voluntades. Con ese mismo brío con el que se incorporarían a una batalla de la serie, estos fanes ya se organizan desde el anonimato. Esto para un político es oro en polvo.

Si se puede decir que esta nota tiene una moraleja, sería algo así como esto: El milenniall (incluso muchos ya pasaditos de horno) tiene ese encanto. Quizás le saques el agua potable y muera con una lentitud pasmosa y exasperante, pero donde le toques una serie es capaz de convertirse en un cruzado que lucha para borrar todo rastro del orden preestablecido. O por lo menos, juntar firmas mediante Change.org, que es lo más parecido a una acción social que conoce.

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