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De cara al balotaje: un pequeño análisis en un pequeño país

Una mirada de cara al balotaje y el posible escenario posterior a los comicios.

El domingo 24 se definen dos modelos de país, reza por las redes sociales, discursos de presidenciables, charlas ocasionales y todo tipo de intercambio medianamente civilizado que anda en la vuelta.

Tampoco se acaba el mundo el 25 (reza Ernesto Talvi), a no ser que una serie de hechos desafortunados tengan como resultado un manejo deficiente de lo que se ha logrado hasta ahora ya sea financieramente, económicamente o en materia de derechos sociales. Sino tal afirmación no tendría sentido.

Hasta el momento tenemos de un lado la creación de 90 mil puestos de trabajo nuevos, y del otro una ley de urgente consideración que no está terminada y nadie sabe que es bien lo que urge que deba corregirse ya (y que sea en secreto). Cualquiera de las dos afirmaciones contiene un grado de demagogia importante, síntoma de que la cosa se define cabeza a cabeza y que cada voto cuenta.

Pero, independientemente de quien salga electo como presidente este fin de semana, es indudable que el ganador de las elecciones va a ser el Frente Amplio, la fuerza política.

En la primera ronda la mayoría votó con diferencia de casi diez puntos porcentuales al FA sobre el segundo más votado. 

La conjunción de fuerzas que ha necesitado para generar una opción con posibilidades de generar un presidenciable con chances, solo delata la debilidad individual del resto de los partidos.

De ser electo Daniel Martínez, la victoria del FA sería completa (Solo le quedaría hacerse cargo de los manotazos de ahogado que está tirando estos últimos días).

De ser electo Lacalle Pou, deberá poner sobre el tapete las promesas, mantener indicadores, no retroceder en agenda de derechos, tratar de mejorar todo lo que está mal, y generar una disparatada mejoría en aspectos como el de  seguridad (repito, sin retroceder en la agenda de derechos), en una coalición electoral que ya está mostrando sus diferencias.

El próximo gobierno va a tener que lidiar con un déficit fiscal que viene comiendo los talones al Uruguay, que si bien se verá atenuado por algunas inversiones como las planta de UPM II en el 2020, va a seguir incrementándose debido a una tendencia estructural que es ajena al gobierno de turno. La diferencia estará solamente en el tipo de ajustes que se haga (a quien le van a apretar el cinto). Los antecedentes de coaliciones anteriores, que derivaron en la crisis del 2002, nos dicen que la opción de ésta siempre apuntó a la disminución de la inversión en gasto social (Educación y Salud), mientras que en el otro caso, el del FA, se da una amortiguación más equitativa, tocando también a los grandes capitales sin dejar de lado los gastos sociales. 

En definitiva, y dadas las encuestas, el FA va salir airoso, ya que el impacto va a estar en los sectores en los que la coalición multicolor ha ganado votos. Y tan irracional como el voto que están llevando adelante hasta el momento esos sectores, va a ser la vuelta al partido que ya los ha sacado de una situación en la que aparentemente pretenden meterse nuevamente (los hemos nombrado los votantes “Dory”, carecen de memoria. Martinez y Vilar serían “Nemo” y “Marlin” porqué se encuentran “Buscando a Dory”).

Pero, como si de una paradoja se tratara, el gran vencedor individual de estas elecciones es Lacalle Pou. Un sujeto que se puso a la cabeza de negociaciones partidarias que nada tienen que ver con la historia de su partido. Una persona que se ha sabido vender como el mejor producto de la clase política para gobernar un país, y que lo ha hecho de una manera magnífica: sin proponer nada. 

Un sujeto que no es líder de un partido en este punto, que no tiene experiencia en conducción, cuyo legajo laboral siempre vino legado, que no ha ejercido para lo que estudio, ha sabido atraer votantes y lo ha hecho por rechazo al otro. Es la viva imagen de la negación de la otredad en una condensación de lo no deseado. Y ese caldo de cultivo, ese traslado de votantes lo ha estado germinando el FA. En otras palabras, el FA hizo el asado y Luis se lo comió. 

Ha utilizado las mismas estrategias de marketing que se usan para lanzar (o re lanzar) un producto (como) nuevo al mercado. Nadie sabe como es, pero empieza a generar deseo, ganas de probar, pone en tela de juicio a su principal competidor del segmento, genera esa incertidumbre de que puede estar bueno, y sobre todas las cosas, jamás publicita sus ingredientes. 

No se sabe que contiene, todos empiezan a ver un cambio, en su imaginario, aunque solo haya cambiado la etiqueta o adquiera otro nombre. Color, magia y resultados (más rica/rico, más económico, mejor calidad), aunque nadie lo probó. Pero, por sobre todas las cosas en un mercado competitivo, la constante negación de la otredad, la banalización de todo lo que no sea él o lo suyo, el demérito. 

La luz y la oscuridad. Bueno y malo. Lindo y feo. Hombre y mujer. La dicotomía simplista que recoge los atajos cognitivos que necesita el sujeto para la comprensión de su realidad. Mensaje sencillo, directo y sin posibilidad de análisis profundo. Un excelente trabajo para los tiempos que corren tanto de él como cara visible como de todo un equipo.

Por otro lado Martínez. Liderando una estrategia de campaña que apuntó a los votantes que ya tenía. Un orador que no contiene la vivacidad y la elocuencia que los tiempos mandatan. Un buen tipo que no se cansa de morir por la boca. Claramente el rostro de un hombre con un potencial enorme que no tuvo a sus espaldas el apoyo y la guía que requería la situación. Con lecturas imprecisas y fuera del tiempo electoral, lo llevaron a un embudo donde está solo en un paisaje de referentes de gran peso. Lo que nos da a entender que lideró una campaña con una impronta política, cuando la coyuntura pedía un reforzamiento de marca. 

Esto nos lleva a reflexionar, ¿Qué hace la principal bebida Cola cuando otra aparece? No te explica que tiene la fórmula original, tampoco que es la más rica. Te lleva a tus mejores momentos, que son los momentos que ella quiere que tengas o que los asocies a tu experiencia, apela a tu irracionalidad, a tu emocionalidad, te pone arriba de una auto al rayo del sol con una sonrisa o te sienta debajo de un árbol de navidad a esperar a Papá Noel (acá es verano y nos venden un gordo vestido hasta la manija al lado de una estufa). Martínez se tiró a venderte galletitas sin gluten y la gente quería partirse la boca con algo rico. Para consumo emotivo, propuestas emotivas.  No supieron reformular a tiempo.

La sensación que nos está quedando es de una elección con resultados que nadie se esperaba un año atrás. Tal vez ese exceso de confianza y un buen manejo de las debilidades del oficialismo tienen como probable ganador del domingo 24 a Lacalle Pou. El 25 el FA debería empezar su campaña con miras al 2024, recordar sus mejores años de oposición y ejercer el mandato que depositaron el 43% de los votantes. Y no es menor.

La coalición multicolor, tiene que justificar tal menjunje. Esperemos que logren demostrar todo lo que tienen para arreglar y que sea sin urgente consideración (la historia ha demostrado que lo urgente, si no está claro lo que urge, suele ser un problema, más en un partido que se jacta de que no hay diálogo, que no dialogue con los electores es complicado).

Por las dudas vamos aguantando unos dólares debajo del colchón y los préstamos en pesos…

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