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EL gol del empate: el resultado de balotaje

Con 28.666 votos de diferencia, por más que ya casi está resuelta la elección, se abre un nuevo escenario en la política uruguaya.

La verdad es que más allá del resultado final, estar a tan poca diferencia es algo tan impensado que por más que haya analistas que dijeron (y siguen diciendo) que la tendencia a ganar la elección es igual a cero, el Frente debe estar orgulloso del resultado.

No está mal celebrarlo como un gol en la hora, porque, al fin de cuentas, ya daban por muerto a Daniel Martínez antes de que se pronunciaran las urnas. Cosa que hizo toooodo el espectro político opositor y muchos integrantes de la propia fuerza política.

Puede darse el milagro de ganar, porque está en danza el viejo y querido “matemáticamente tenemos chance”, pero debería ser eso: casi un milagro. De todas maneras, Martínez tiene dos opciones claras. Irse a la casa con la satisfacción del deber cumplido o intentar el mismo camino de Vázquez luego de la gestión de la Intendencia montevideana, afirmándose en unir al frente y al mismo tiempo, construyendo una imagen mucho más firme que la que dio.

Cabe destacar que el propio Vázquez, cuando peleó la presidencia en 1995, no tenía ni por asomo el mismo carisma con el que llegó a la primera presidencia. Y algo parecido le pasa a Martínez. Pero uno no es el otro y Daniel deberá vestirse con el traje de político y dejar a un lado el de gestor. Cosa que hoy al menos, parece muy difícil.

Creo que ni Martínez sabe cuál de los dos caminos tomar. Por cómo se baraja la interna del FA, aun saliendo bastante bien de esta contienda, no veo que pueda hacer el camino de Vázquez. Le faltó ese carisma, ese toque distintivo. Pero lo que hay que ver es que darlo por muerto, no va a poder ser, le pese a quien le pese.

Cabe recordar que cinco meses atrás, Martínez logró el 41,9% de las adhesiones del FA, mientras que la que le siguió (Carolina Cosse) obtuvo un 25,4%. Una campaña intensa apaga todos los brillos, pero haber rozado el triunfo puede darle una espalda más ancha de la que tenía.

Quizás el gran triunfador de ayer sea el militante de base. Ese que se puso la campaña al hombro y que remó hasta en dulce de leche. Más allá de que probablemente el video de Manini haya sido uno de los últimos handicaps que tuvo el Frente Amplio como tal, de no haber sido por la constante entrega, hoy no estábamos esperando el resultado del segundo escrutinio.

Al principio dije que haber acortado las distancias al punto de quitarle el festejo a Lacalle, fue celebrado como un gol en la hora. Está bien. Pero hoy es lunes, la vida continúa y esto no es fútbol (que con el resultado solo alcanza). El Frente puede perder en votos, pero ya ganó en fuerza política. No será el que se quede con el Poder Ejecutivo, pero si sabe manejar bien el resultado de la elección, podrá aumentar el poder de la militancia. Eso sí: sin dudas se convirtió en un contrapeso muy fuerte.

Aunque no pueda decirlo, Lacalle lo sabe. Y este resultado le obliga a tener que tender puentes reales. No alcanza con proclamarse constructor del diálogo: va a tener que serlo si quiere que tengamos todos los mejores 5 años de nuestras vidas. Sobre todo, cuando se plantea una serie de ajustes y medidas que no están claras del todo y ponen a medio país en contra.

Y el resultado lo deja enfrentado a una fuerza política opositora con bríos, un Parlamento afín pero dependiendo de una coalición que no llega tan sólida como parecía y con un movimiento social potenciado. Un paso en falso y se le desarman todos los planes.

Por eso la incomodidad del ya casi ganador. El saludo que esperaba de Martínez, es solo una excusa para poder tapar el verdadero fastidio: no haber salido fuerte y en particular, no estar tan cómodo como esperaba. Porque en política, ganar 5 a 0 no es lo mismo que ganar en los penales.

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