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El mensaje, los mensajeros y la cruda realidad. Tres apuntes

En la distancia entre el dirigente viejo y los mensajes fieros que no quisiéramos escuchar, ahí hay una trinchera de trabajo cotidiano.

La semana pasada, finalizó sacudida -cuándo no?- por un nuevo affaire Mujica. Como fuera habitual al menos desde la campaña que lo llevó a la presidencia hace diez años, el guerrillero devenido político de masas, el cultivador de flores devenido parlamentario y presidente y parlamentario nuevamente, se desbocó frente a un micrófono.

Establecido esto, me pasa leyendo a Mujica, al Pepe, al Viejo, como resulte más sencillo a cada quien, que hace ya años que no logro tomarlo como un «propositor», como alguien que venga a «proponer», mucho menos, a «proponer cosas nuevas». Más bien lo veo como una antena privilegiada del frente amplio en la sociedad que habitamos. Todas, todos, todes, todxs, vivimos en esa sociedad a la que el viejo le capta el pulso como poca gente lo puede hacer.

Y es una antena vieja, achacosa, y sobre todo, desbocada. Como se desboca, dice sus disparates y nos indigna a quienes sentimos, vivimos a partir de una mínima sensibilidad de izquierda que podemos resumir en «dado que no todos nacen con las mismas oportunidades, hagamos lo posible para igualar como base, cuestión de que todos podamos vivir en condiciones de igualdad». Eso que el PIT-CNT (por solo nombrar una organización de masas) traduce en «sin explotados ni explotadores». Cada quien ve la desigualdad que padece.

Ahora sabemos, o tenemos en un cierto plano de conciencia más cercano a nuestro discurso que no es lo mismo ser hombre que mujer, ser heterosexual casado/a y con hijos que homosexual soltero/a. Sabemos que no es lo mismo ser mujer universitaria blanca y descendiente de una o dos generaciones de profesionales, que ser mujer, afro, primera generación en la universidad. O que no es lo mismo nacer en Montevideo, Mercedes o Cerrillada. Los accesos a salud, vivienda, educación y agua potable (no sean vagas/os, pueden googlear Cerrillada, es un lugar precioso fronterizo y con una gente divina) no son los mismos.

Decía entonces, que el viejo se desbocó -de hecho ya salió a manifestar su habitual pedido de disculpas, y se excusó en la calentura, ser él mismo y algo que sonó a «me agarró el síndrome de esto es diciembre, papá»; nada nuevo bajo el sol- y que está muy bien señalar, o hasta repudiar sus dichos. Joder, hombre, es un dirigente de peso, no diga pavadas, no sea nabo, m’hijo.

Establecido esto, creo, y de aquí que me tome el tiempo y el trabajo de escribir una página, que debiéramos escuchar muy bien el mensaje. No en clave de «uy, dio, otra vez este viejo choto y machirulo», sino en términos de quien capta una radio más o menos bien sintonizada, con ruido a estática, con una onda que va y viene, pero que trae cierto sentir que vive en estado de magma viscoso y poco claro, pero se expresa en mensajes contundentes.

1.- Los votos del FA que pesan se perdieron en el interior. Soy un canario del interior, sigo teniendo contactos fuertes con quienes hicieron conmigo escuela, liceo, horas de rambla, mate, bizcochos y fóbal en cualquier campito o calle poco transitada. Los tengo en grupos de whatsapp que a veces prefiero ni leer para no calentarme.

«Lo mejor de este resultado, es que sin los bolches en el gobierno, voy a poder volvera decir «puto» y «negro», sin que me miren con cara de montevideano superado y me vengan a explicar cómo hablar», escribía uno de estos «amigos de la infancia». De los 60 del grupo, casi 45 respondieron con emojis aprobatorios. Alguien sugirió, «che, que Edh se calienta, él es progre…»

Tenía razón, me calenté, y les escribí que no les iba a contestar, que felicitaba a los ganadores de octubre, y que sí me iba a permitir estar atento a cada cosa que se perdiera. «Si volvemos a defender la vida de los que no nacieron, no perdemos nada», «Si los que se falopean vuelven a estar presos en serio en vez de comprar droga en la farmacia, esto va a dejar de ser un relajo», «y a ver si nos dejamos de tirar plata en travas y nos ponemos a darle remedios a la gente que cuando se enferma la dejan tirada».

«Andá llevando, progre de cotillón», pensé.

2. Nos pasa eso, venimos acumulando mujeres y aliades en las calles, pero no en las cabezas, discursos más o menos inclusivos en los documentos públicos, pero no en el habla cotidiana de la gente que viaja en buses toda la tarde y es sometida, o demanda, que Petinatti les de una mano, y los haga reír repitiendo su machismo de cavernario un día sí y otro también.

Acumulamos en decisiones como tener fórmulas paritarias, y no se nos pasó por la cabeza ubicar una mujer conocida en todo el país como candidata a vice, luego de que el ingeniero Martínez ganara las internas. Bailamos toda la campaña el baile de la canción «de los convencidos», apuntando a mostrar que «estamos mejor que nunca». No pudimos ver que la gente vota con el bolsillo cuando le duele, cuando tiene sus necesidades cubiertas vota con otros malestares. Y el frente entre otras cosas perdió, porque todos vemos que la crisis -esa que anuncia la derecha- no afecta a nadie aun. Creo que el discurso de «estamos bien» fue lo que hizo posible que buscaran en otro lado el malestar. Y mire que hemos generado malestares con cada cambio que ubicamos en el discurso pero no en los corazones…

Nuestra construcción de izquierda aun anda balbuceando su construcción feminista. Lejos estamos de tener un discurso realmente sustentado en la práctica. Por eso, cuando hablamos sonamos a «académicos de la capital», «nenes bien, de oficina», o directamente a «culorroto que viene a babosear con esas pajas mentales que lee». Así de sencillo.

3. Las izquierdas se han construido entre otras cosas poniendo a dialogar cierto pensamiento que resulta vanguardista en su época, con la vivencia de masa de los y las trabajadores/as que cada día construyen la riqueza de la cual apenas ven lo que les da para el mal sustento diario. La carne y la sangre son -como siempre- de propiedad del patrón. Cuando el discurso se adelanta mucho, suena vacío.

Citar a Preciado, Segato, Wittig, Despentes, Connell, puede ser super interesante… en un paper universitario. En la vida real, es predicar en el desierto en nombre de unas profetas sospechadas y sospechosas de «no vivir la vida verdadera de nostros acá».

Condenemos los dichos de Mujica, vamos, ya es un reflejo. Pero quedémonos pensando, si es en colectivo mejor, cómo le hacemos para traducir nuestra sensibilidad de izquierda, nuestra visión impregnada de interseccionalidades en una retórica que enamore. Porque muchas veces, ni las acciones alcanzan.

Edh Rodríguez

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