Viciados de Nulidad
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Los horrores del silencio

Revisar las noticias del día, en un país porfiado en dejar milicos y civiles impunes, te expone a que a veces otra voz rompe el silencio. Por ellos, tambien cantamos.

Los horrores del poder

son tantos, tantos y tantos

contra ellos canto

Daniel Viglietti – Por ellos canto

Living de casa, mayo 20, 2020

Escribo estas líneas porque un dique acaba de romperse. De manera inequívoca. Como casi todo lo que de verdad importa, inicia distraídamente, mientras uno anda en otras cosas. En medio del 20 de mayo, pandemoniadamente encerrados como nos hemos normalizado estos meses, mientras hago una pausa en la lectura de documentos para una tesis, abro el diario, y cebo el primer mate del tercer termo del día.

Como costumbre casi diaria, ojeo los titulares, y me sorprende el nombre de Mercedes como entrevistada. Nada incita tanto la curiosidad como el nombre de una conocida en los diarios. 

Humanidades, mayo, 1992

Las clases de la Facultad de Humanidades son un crisol de gente venida de todos los lugares imaginables, un listado de esos que cada tanto Sabina suelta en sus discos (de hecho Todos menos tú es parte del Fisica y Química, disco obligatorio ese año). Maestras jubiladas, colegialas recién recibidas, bolches, profes de filosofía, psicólogos, estudiantes de tres facultades diferentes, homosexuales de toda calaña, militantes de la militancia, tupas, drogones de toda droga, anarcos, canarios de ajuera, despistados varios. Allí no falta nada. Ni tiras, faltan.

En medio del frío de fines de mayo, ya una hora entera avanzada la clase, las puertas del salón 17 se abren intespetuosamente. Con la cara roja por la carrera, la mochila colgando del hombro izquierdo, y el casco balanceándose en la muñeca derecha, la Negra Mercedes entra, tarde, como todos los martes. Sus suecos retumban enérgicos en el piso del salón helado, donde la dupla de profes nos cuentan los horrores que padeció Abelardo cuando la familia de Eloísa lo halló oculto en algún lugar recóndito de la Europa medieval. Apenas recuerdo que el hijo de aquel amor entre el monje y su discípula fue llamado Astrolabio. La memoria es así.

Como cada martes, la Negra entra tarde porque viene de dar clases de inglés en el colegio en que trabaja, y como siempre su curiosidad y sus ganas de saber, no saben de modos. Ella llega y pregunta, justo por lo que acabamos de ver. Aquel martes fue demasiado para la profe. Interrumpió lo que venía diciendo y roja de una ira digna de mejor causa le dijo a Mercedes que no podía entrar así a clases, haciendo ruido, y preguntando siempre por los temas que ya habíamos tratado. Terminó el discurso con un “la clase inicia a las 6, no a las 7”.

  • ya sé, pero trabajo hasta 6 y media dando clases, no llego tarde a propósito. 
  • es que siempre es lo mismo, al menos podrías entrar con algo de discreción, y no hacer tanto escándalo.

Los tonos de las voces fueron subiendo, de “escándalo” a “me está persiguiendo” fue todo una sola y veloz esgrima discursiva, y Diana, a sus casi sesenta años no estaba para que le dijeran perseguidora: 

“Qué vas a venir a decirme de persecuciones a mí, vos no fuiste destituida, mocosa”. Su voz cortó el aire:

  • Sabés qué?, te vas de mi clase, sí andate, no quiero verte más
  • Me voy, sí claro que me voy, loca de…

Humanidades tenía esos momentos. 

La clase derivó en algo anodino, terminó al poco rato, la Negra volvió a entrar, mientras aguardábamos la clase de las 9. Previsiblemente la estudiante con más labia del grupo, y el único que aún no se había peleado con la profesora, fuimos delegados para plantearle a la docente, que “no estaba bueno que entre adultos resolviéramos las diferencias entre gritos y expulsiones de clase”.

Mi primer acto de militancia estudiantil fue pedirle a una docente muy querida que no se desbordara, y que no expulsara a gente de clase… Con Mercedes preparamos en conjunto algunos exámenes, horas leyendo antropología, y algunos textos de la filosofía helenística seleccionados por el viejo Flo. Recuerdo varias paradas en el bar de Uruguay y Magallanes, más de un medio y medio, regado por charlas políticas, compartidas con Alejandro y Gabriela. Litros de mate, y un par de kilos de fotocopias leídas en conjunto.

Cada tanto nos cruzamos en algún acto, una marcha, un encuentro de investigadores, o algún asado. Cada cual se casó, y se separó, criamos hijos como podemos, formamos otras parejas, terminamos la puta licenciatura (evento si los hay, en Humanidades, un egreso). En fin. No hemos cultivado una amistad, pero cada tanto sabemos uno del otro…

Montevideo, mayo 20, 2020

Los padres de Mercedes fueron asesinados por la dictadura. Así de horrible como suena. Y yo acabo de enterarme leyendo su relato en un diario.

Hablame de silencios y mordazas, recitame esa monserga de ya no vivir “con los ojos en la nuca”…

Decime del horror y del retorno de lo reprimido.

Te escucho, porque es necesario encontrar verdad y justicia. Y Nunca más.

Edh Rodríguez

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