Viciados de Nulidad
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Máscaras

El fanatismo visto desde un lugar serio e informado. Un prolijo análisis de nuestras conductas en las redes sociales, sumando máscaras a esa persona que vendemos, vaciando de paso cualquier posiblidad de lucha colectiva y organizada. «Si lees esto y le das like vas a tener un sueño más tranquilo el fin de semana…careta!»

Hace algún tiempo me recorren ciertas dudas respecto a los participantes en movimientos sociales que apelan a la defensa de alguna “minoría”, reivindicación de derechos, conmemoración y recordatorio de hechos que han marcado la historia reciente, podría ser en Uruguay (que es el ejemplo más cercano), como en cualquier otro país.

No vamos a “descubrir la pólvora” al decir que hace al menos 10 años las redes sociales digitales (RSD) han modificado la forma en la cual cada sociedad se percibe a sí misma, lo que decide dejar afuera, lo que decide incluir, mediante la convocatoria o la adhesión a determinados grupos de interés. Así, se puede sacar un perfil de consumo en base a  la mencionada adhesión (cantidad de likes, corazoncitos, o lo que corresponda a cada perfil en una RSD) y tener una aproximación a la personalidad de aquel que, en última instancia, se muestra de esa manera al mundo.

Más allá de que hay una apuesta marketinera con la que ya no se puede identificar solamente a determinados segmentos conservadores (como por ejemplo los logos de color en un contexto determinado, generando una asociación directa con una idea o concepto detrás, es inevitablemente una estrategia de marketing) hay también una exposición con lo que consumimos, o mejor dicho, que nos identifiquen con la ideología que consumimos.

La idea que me invita a reflexionar es la siguiente: si la necesidad de justicia social está vinculada con un canal o vía por medio de la cual se engrandece al sujeto individualizado (RSD), y éste a su vez utiliza esa vía para hacerse visible en una red social, la justicia social se desvanece en el mecanismo de enaltecimiento individual y vulnera el clamor colectivo al hacerlo efímero y superficial ya que se asocia con el contenido mayoritario en esa vía (en una cascada de imágenes, da lo mismo saber que estás comiendo brócoli, haces ejercicio o que estás en una marcha reivindicando algo).

Erving Goffman (1922-1982), uno de los referentes en materia sociológica, nos dejó una teoría bastante interesante, teniendo en cuenta el contexto actual. El sociólogo estadounidense nos habla de cierta teatralización en la sociedad. Dentro de los mecanismo de socialización el sujeto aprende a incorporar máscaras que son útiles en cada grupo en los cuales se presenta. Así, habrá máscaras para la familia, el trabajo, el estudio, y en ocasiones habrá máscaras que se utilizaran para generar cierto encaje social, que pueden estar disponibles, particularmente, cuando el sujeto se siente vulnerable.

No se trataría meramente de una cuestión de apariencias, sino más bien una puesta en el escenario social donde la coincidencia de nuestra máscara y la congruencia con nuestra conducta se vería afianzada por la respuesta que obtengo de mi entorno inmediato. 

En este punto es necesario aclarar que no entendemos la publicación de una proclama, opinión o consigna dentro de este razonamiento, sino cuando la persona se pone en primer lugar y el contexto es la demanda social, cuando, en ámbito de los reclamos, debería ser al revés.  “Así, cuando el individuo se presenta ante otros, su actuación tenderá a incorporar y ejemplificar los valores oficialmente acreditados de la sociedad, tanto más, en realidad, de lo que lo hace su conducta general.” (Goffman, 2001:47)

De tal razonamiento se desprenden una serie de preguntas derivadas de que los reclamos son “vacíos” o “inconsistencias” del sistema social frente a determinados grupos ¿Se intenta trabajar en cuanto a la utilización de RSD desde dentro del sistema (al estilo de una revolución silenciosa)? ¿Se trata de elaborar propuestas contra el sistema? ¿Se intenta elaborar respuestas con el sistema?

Así, nuestro amigo Erving, de esta manera advierte “Las máscaras son expresiones fijas y ecos admirables de sentimientos, a un tiempo fieles, discretas y superlativas.” (Goffman, 2001:09). Y esto último nos lleva al tema del fanatismo. En algún punto esa representación tiene que enmarcarse en un compromiso desmedido en el ámbito de la exposición social que denote que el sujeto está siendo el abanderado de una causa y por eso mismo destella en el entorno específico como el más comprometido con esa consigna. De lo que se desprende que la multitud de publicaciones alegóricas en cuanto mecanismo publicitario de marketing personal, soslaya la fundamentación misma del trabajo de acción social enfocada al cambio.

Imágenes desgarradoras del sujeto que tiene una cuenta en una RSD, autoproclamándose con alguna poesía que despierte los fundamentos de la humanidad contra el injusto escenario planteado, la incuestionable postura dotada de razón trascendental que hace carne en una imagen transformada en icono por la misma individualidad que publica, es una invitación a cerrar los puentes de la transformación social en pos de un vitoreo consecuente con actitudes de celebridad, matando, en última instancia, la justicia por la puesta en marcha de un stand up trágico y alegórico.

Referencia bibliográfica:Erving Goffman: “La presentación de la persona en la vida Cotidiana”, disponible en: http://mastor.cl/blog/wp-content/uploads/2015/08/Goffman-E.-La-presentacion-de-la-persona-en-la-vida-cotidiana.-1-47.pdf

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