Viciados de Nulidad
Afiche de AGUS AMAR.
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No hay recetas para nada.

Salida de la cuarentena, con el hacha filosoa como pocas veces, la VIKInga viene a decir que vestir de colores las paredes de su refugio es ante todo una forma de resistencia. Fuerte y clara, como cada vez que grita «al abordaje!» El afiche de AGUS AMAR completa la foto


Lo que a unes les resulta a otres les cae en un agujero sin fin.

De todas formas este mundo neoliberal que habitamos y nos habita con sus lógicas consumistas busca imponer y seducirnos con calmantes de todo tipo, forma y color.

Abundan las anestesias para mirar todes para el mismo lado aplacando inconformidades, dolores, miedos y para bancar angustias inaguantables. Un rebaño humane de color gris yendo entregado al matadero desde siempre.
Y nadie y ningune nos salva del matadero: ya estamos dentro desde el día 1. Es imposible mentirse: nosotres somos a su vez también este mundo.

Y en este país también de casas, edificios, calles y plazas casi todas grises o sin color yo hace añares que porto largo pelo negro y me visto de negro casi siempre…(Llámale fetichismo, resabio de épocas punks, contradicción, oveja negra, amante de Boudelaire, semidiosa oscura… o lo que quieras, no me importa).

Sin embargo mi casa luce y reluce en las paredes interiores y exteriores el rojo furioso, el azul estridente, el amarillo, el rosado fuerte y el verde manzana. Asi es estimades: mi casa no es un acéptico hospital, ni un cuartel, ni una cárcel a pesar que está en este país y en este mundo. Mi casa es mi cueva, mi guarida y por eso está llena de color y me salva bastante.

Porque creo fervientemente en la necesaria inconformidad que grita desde las entrañas. Esa que no es otra que la que te posiciona en el conflicto, en el creativo acto de rebelarse, en la síntesis, en el auténtico único y propio color de todo esto.

Una salvación momentánea que te hace ir zafando a la única certeza: todes vamos a morir y a parar a un gris cementerio de este pais -que vale destacar- que difieren por ej. a los de alguna playa de Floripa que están llenos de colores y de cara al mar.

¿Por qué tanta palabra en relación a lo gris o al poco color? Porque en este puto mundo estar bien pasa a ser un privilegio y no debería de ser un privilegio sino un derecho tan humane como cualquier otro.

Buscar y gozar en la línea de fuga se torna urgente -aunque esa línea de fuga tal cual nos dijeron Deleuze y Guattari- sea rápidamente captada y recaptada por el sistema sucesivamente y no nos quede otra que crear y pintar sucesivas líneas de fuga.

No hay receta – reitero- y estamos perdides en eso también. Yo voy teniendo y construyendo las mías en este devenir y están compuestas por muchos colores que me van salvando y aportando vida:

El verde, gris y castaño de los ojos de mis 3 hijes que me llenan de vida, de amor y de orgullo. El distinto matiz de amarillo de sus cabellos que me calman cuando los acaricio y juego. Los tornasoles del fuego en la estufa de leña de mis padres que me abrigan cuando me siento junto a ellos en las visitas de fríos inviernos.
El verde del mar que admiro por horas re seguido y me da abundante paz. El azul claro del cielo y el verde vida del pasto cuando me tiro de espaldas para ver lo infinito y los devenires. El cielo negro y con miles de puntos blancos en las noches de tranquila introspección.

El bordó oscuro que se mueve suave adentro de una copa y la flor verde que desmorrugo lento mientras hablo por horas con une amigue en el acto de sostenernos y planificar esperanzas.

Y justamente todas me aportan pulsión para estar acá y seguir con todo a pesar de todo sabiendo que somos gotas, muchas gotas en este verde océano que nunca deja de moverse.

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