Viciados de Nulidad
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Puglia el que lee

La realidad es el páramo hereje donde compiten la “pesada herencia” que prohíbe pensar y sentir fuera de los modelos tradicionales, con un nuevo entorno donde deconstruirse sin censurarse o reprimirse, como un caballo sin riendas que no tira del carro y solo anda corriendo por ahí, comiendo y cagando por donde le place. Y fornicando por donde le place. Ahhh, qué tema.

Hay quienes opinan que combinar pollera con barba es aberrante y hay quienes no pueden concebir cómo podrían satisfacerse dos hembras humanas sin un falo, o lo que sea que sirva para penetrar, porque el sexo para ellos es -y solo es- penetración.  Lejos estarían de entender que amar a otro es diferente de cómo se obtiene placer. No hay de qué preocuparse, seguramente todo sea obra del diablo o culpa de los comunistas. 

Hay quienes opinan que si un agujero es para cagar, no sirve para otra cosa, como si una puerta solo sirviera para salir y no para entrar, aunque luego gasten platales para hurgar agujeritos ajenos o que le hurguen el propio, pero en la clandestinidad –como antaño eran los abortos-, porque las personas de bien no hacen esas cosas, al menos no donde les dé la luz. 

Por suerte para ellos su dios les ha dado una tarjeta de doble moral con puntos dobles acumulables, que les permite mostrar una cara sonriente y casta en el trabajo, la televisión, actos públicos y, por supuesto, la iglesia, y luego simplemente darla vuelta para tener acceso al lado oscuro, donde la inmoralidad acumulada que les provoca ser “gente bien” puede desarrollarse con toda la libertad que el dinero les permita. 

Y sí, hay gente para todo entre los 7mil millones de seres humanos, (Ripley se moriría de hambre hoy), no da para extenderse demasiado, pero hay grupos llamativos que son una antítesis en sí mismos, cómo quienes se proclaman feministas pero defienden el patriarcado, los anarco-capitalistas, los presidentes cuya primer experiencia laboral es, justamente, ser presidentes (esta no es antítesis, pero es genial) y los putos homofóbicos. 

Bueno, en realidad, por más llamativos que sean no son particularmente extraños, no más que un trabajador que no cree en el derecho a huelga o la posibilidad de agremiarse, cuando han sido y son herramientas clave para conquistar y mantener sus derechos. ¿Pero qué les vamos a pedir, que no cobren aguinaldo, que no tengan salario vacacional, horas extra, o directamente trabajo?  Caso concreto: si un personaje mediático se ve beneficiado por una ley que fue impulsada por un colectivo de gente vulnerada –y esto lo sabe bien- para luego despotricar contra ese movimiento, no sería nada raro, aun cuando después intente reivindicarse defendiendo la agenda de derechos (más vueltas que chorizo de rueda). Quién dice y cómo dice, no deberían ser el subterfugio que permita se nos escape el centro de la cuestión: ¿Quién es puto o puta? Ahhhhhh, para saber eso hay que adentrarse en el maravilloso mundo de la etimología. Y resulta que tiene más orígenes que el carnaval, pero siempre turbios.

 Nace inocentemente como una voz para designar a un muchacho o muchacha, pero enseguida se enrarece cuando este concepto se acopla a la idea de prostitución, y es que helénicos y latinos eran bastante morbosos y usaban efebos, para satisfacerse sexualmente (Michael Jackson un poroto). La cosa pasa de castaño a oscuro cuando se integra el vocablo latino putida (podrida) para referirse a una ramera que huele mal o peor que otras mujeres. Claro que acá metió la cuchara la cristiandad y su podrida concepción de la mujer. Otros le conceden significado a la diosa menor de la agricultura “Puta”, que aduce a “poda”, cuyas sacerdotisas ofrecían bacanales en las festividades dedicadas a esta diosa. Dale de nuevo con lo mismo. 

Y ahora ya entramos en lo abstracto: puta/o/e, provendría de “putare”, que tiene que ver con pensar. ¿Qué pensarán los antiguos de todo esto, y que pensaría mi madre si me ve de pollera? Perdón, a veces escribo en voz alta. Pero hasta cuando hablamos de pensar, la prostitución aparece. Cuando los romanos absorbieron a los griegos, aprovecharon para adoctrinar a sus hijes* con los eruditos de un pueblo tan culto como este; y a las mujeres las usaron para lo que se imaginan. Pero resultó que conocían tanto de ciencias y filosofía como el que más y las llamaron “putas” o sea “inteligentes”. Ahhhh, capaz por esto Domenech dijo que su amigo “raro” era inteligente. Ta, ya entendí.

En fin, tantas acepciones fomentaron una espesa nube de disputas (palabra que también podría tener raíces afines), donde algunos afirman lo que otros descartan, como la inexistencia de la diosa “Puta” y la realidad de la mujer griega que era poco probable que fuera culta ya que ni ciudadana era. Todo muy discutible y se los dejo para que investiguen, no hay otra. Sin embargo en la letra chica se encuentra un significado que considero muy intrigante, y es que “puto” estaría vinculado con la raíz indo-europea “pou”, que significaría “poco” o “pequeño”.

¡Qué pequeño es el mundo!

* Dedicado al Dope parquet.

comentarios

  • Buenísimo
    Una amiga escritora; Irina Rafols escribió un cuento llamado la Aspacia, que era miembra de un grupo de mujeres eruditas al que acudían hombres en busca de placer filosófico. Al parecer existieron en Grecia. También hay una película que trata el tema que no me acuerdo como se llama

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