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Review de «7 cajas»

Una review de una película paraguaya, que no pierde vigencia.

“Si no tenés la plata, no hay remedio”.

Como bien dijo nuestro “jefe”, esta semana nos abocamos al tema horizonte, no voy a decir que fue por mayoría porque yo no lo voté. En su nota de apertura hizo mención a la utopía y al camino. Y me pareció el momento justo para elegir esta película que les paso a contar.

En tiempos en que todos están recomendando sitios, películas, series y estamos sin estrenos por la maldita pandemia, no hay mejor elección que repasar esas grandes obras. Y por eso vengo con 7 Cajas, del año 2005. Película paraguaya dirigida por Juan Carlos Maneglia y Tana Schémbori.

Este dúo venía trabajando desde hacía más de 20 años para televisión y tuvieron ganas de hacer algo para su gente. Que sus compatriotas pudieran verse de alguna manera reflejados en la obra.

Nunca imaginaron la repercusión que tendrían. Filmada enteramente en el famoso Mercado 4 de Asunción, un lugar incontrolable según propias palabras. Pensaron en filmar de noche, entendiendo que tal vez era más calmo y se equivocaron. Pensaron en cerrar alguna cuadra, se les hizo muy caro. No tuvieron más remedio que abrir un local como un puesto más y desde allí empezaron a rodar.

Se mezclaron entre la gente de los puestos de venta del mercado. Fueron un ‘stand’ más. En un principio los resistieron, miraron de reojo, silbaron, burlaron. Pero al final la aceptación y el orgullo triunfo. Al punto tal de que, un tiempo después, en los puestos donde se vendían películas pirateadas había un cartel que decía, “No tenemos 7 cajas, no insista, carajo”.

Victor (Celso Franco) es un joven carretero, como se lo llama en Paraguay (o un buscavidas le diríamos nosotros) que se decida a pequeñas tareas en el mercado. En uruguayo sería “changas”.  Un carnicero le pide que lleve en su carretilla siete cajas, hasta que la policía del lugar desaparezca, y eso a cambio de provechosos 100 dólares.

El deseo más grande de Victor en ese momento eta comprarse un celular usado que andaba de mano en mano en el mercado por lo que acepta el trato. Así comienza esta agitada noche para él y su amiga Liz (Lali González) quien lo acompaña en esa aventura.

La película tiene un ritmo ágil. Sobre todo, en el arranque, con una cámara que busca al protagonista y frenéticos planos secuencia que nos van presentando la historia. Siendo el humor negro uno de sus los puntos más fuertes.

Muy “Hitchconiana”, cine autoconsciente. Se filmó toda en el mismo escenario, el Marcado 4. Con sus interminables pasajes, los gatos y las ratas reales del lugar. Una construcción de suspenso digna del mejor cine de género. En todo momento sabíamos más que el protagonista y eso nos mantenía en vilo. Y por último, pero no menos importante, el Mcguffin. Ese elemento Hitchconiano por excelencia, un recurso narrativo que permite que la historia avance cuando esto parece no tener mayor importancia en la trama, en este caso las siete cajas.

El año en que fue realizada la película y el deseo de Víctor de embarcarse en ese lio para comprarse un celular, no son en absoluto al azar. La globalización estába llegando a su punto más alto. La televisión, los medios de comunicación, los celulares al alcance de todos. Queríamos ver y ser vistos y teníamos los recursos para ello. La película cada vez convirtiéndose más en una gema. Y en estos horizontes tan estrechos que parecen rodear a estos personajes, aparecen las televisiones, las cámaras, las miradas espiando por todos los lados de ese enorme mercado. Y Víctor también mira. Sobre todos a la pantalla de las tv que están a la venta en el lugar. Ve como el galán besa a su chica en un descapotable. Y sus miras se disparan más allá. Pero pareciera que los límites invisibles no lo dejan escapar. Ni del lío en que se metió, ni de la clase a la que pertenece.

La temática social y política también atraviesa el filme. Una sociedad empobrecida, en muchos casos perdiendo los valores por esa razón y en otros, aferrándose a ellos. La importancia de la mujer en la sociedad dándole el valor de una igual. Y el idioma. Hablada casi en su totalidad en guaraní, por lo que necesitó subtítulos en todo el mundo. Y otra vez lo directores creando un  

Tuve la suerte de ver la película en el 2012 cuando apareció por estos lugares. La repase en estos años y ayer la volví a ver. Pleno 2020 y la película está intacta. Eso es lo que hace grande a una obra, su durabilidad en el tiempo, su vigencia. Los personajes son toda una camada de granujas adorables, incluso los villanos. Todos tienen su importancia y su impronta, nadie está porque sí.

La película es entrañable, aunque sea un thriller.  Cada una de sus partes formales, de contenido y su totalidad, se acoplan a la perfección entre sí y se hace imposible elegir un personaje, un momento, un lugar, o saber cuál es el punto que te lleva a quererla tanto.

7 cajas es un montón de cosas, pero está tan bien aceitada, que su universo complejo no tiene punto de fuga. Es un montón de historias que pertenecen a un hilo en común. Y bien lo dice la hermana del protagonista en un momento crítico del film: «él tiene la otra mitad».

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