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¡Se vienen las internas, se vienen! (parte III)

Ya casi termina el año. Eso significa que en Uruguay solo estamos pensando en donde vamos a pasar las fiestas. Los que tienen licencia en lo que van a hacer esos días; los que no, deseando lluvias, echando maldiciones y algún que otro rosario de puteadas. Ya se terminaron los campeonatos de fútbol, locales e internacionales. Pero los que están con todas las ganas de seguir la actividad son los políticos.

Usted quizás pueda pensar que es porque están siempre preocupados por el bien del país. Quizás sí. Pero en verdad es que se viene el famoso “año electoral”. Y nadie quiere perder pisada. En esta serie de notas breves, les contaremos como viene la movida electoral de todas las tiendas políticas, de cara al pan dulce y la sidra de fin de año.

La oposición (ahora sí, la divertida)

La interna del Partido Nacional siempre es la más entretenida y es por eso que la dejamos para lo último.

Si esto fuera una carrera de caballos (una de las dos o tres pasiones grandes dentro de esta colectividad), la cosa parece una carrera para “fondistas”: nada de salir corriendo al galope tendido porque si no, adiós energías. Quizás por eso ya hubo uno que largó y abandonó antes de la primera curva.

En el desfile previo, luego de terminadas las elecciones del 2014, ya veíamos que el caballo del herrerismo, Luis Lacalle Pou, venía con pasta de ir por la próxima. Su rival, Jorge Larrañaga, prometía no volver a subirse a correr. Y el stud evangélico, de la mano de Verónica Alonso, estaba apenas comenzando tras alejarse del stud de Larrañaga.

Largaron…

En las gateras se sumó un tal Ramírez Junior, potrillo del gran Juan Andrés (aquel que luchó contra los sindicatos policiales y que terminara como decano de la Facultad de Derecho). Pero el potrillo no tuvo la misma virtud para el turf y se desbocó ni bien sonó la campana. La carrera se le terminó muy pronto. Casi a los 5 metros quedó descalificado.

El caballo del herrerismo se despegó del resto, con aire y con los apoyos de un tal Bordaberry. Larrañaga perdía espacios, mientras que Alonso (a dios rogando y con la fusta dando) comenzó a imponerse. La carrera seguía y el caballo del herrerismo primeriaba tranquilo. Pasaron por el codo del ferrocarril y se metieron en la recta de enfrente: Alonso tratando de acercarse como corren los caballos acompañadores; Larrañaga quedando cada vez más y más atrás.

Sobre el poste indicador del comienzo de la curva final, algo le pasó al caballo del herrerismo: Bordaberry dejó de alentarlo (de hecho, se fue a jugar al fútbol) y los corredores provenientes de las intendencias del interior, comenzaron a afirmarse como un grupo con intereses propios. Botana, Antía, Enciso, Peña… todos marcando espacio. Alonso, al llegar a la curva comenzó a acelerar y a acortar distancias por la extrema derecha.

Y mientras que todos se preparaban para ver la llegada a la recta final, dos cosas sucedieron en la curva con la rapidez de un ganador del Gran Premio Ramírez: entró en la pista un caballo completamente desconocido y Larrañaga empezó a ganar espacios por derecha.

El codo del final

El desconocido se llama Juan Sartori. Proveniente de un stud que hincha a sus caballos a esteroides, comenzó a perfilar en la carrera a toda velocidad. Tanta, que los del studes de Larrañaga y del herrerismo comenzaron a reclamarle al comisario que lo descalificara por dopaje. Por otro lado, Larrañaga que es un experimentado en esto de las carreras y al que todos daban por perdido, comenzó a dar fustazos con un plebiscito sacado de la galera. Jugada arriesgada pero que le dio muy buenos resultados. Así que el caballo del herrerismo se tuvo que sacar el apellido (que a estas alturas puede serle un lastre) y acelerar el tranco.

Justo en el momento de empezar a apurar, recibió un apoyo que ni él mismo se lo hubiera imaginado: el gran campeón de la Triple Corona (ahora entrado en años) Julio María Sanguinetti, declaró que el ganador era Luis (al parecer perdió el apellido en el medio de la carrera, no sabemos si por el susto o por la necesidad de acelerar).

¿Qué sucederá? Estamos entrando en la recta final y de aquí en adelante, todo puede pasar. ¿Usted a cuál le juega? Pero recuerde… Hasta el final ¡no tire sus boletos!

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