Viciados de Nulidad
Linchamiento de un afroamericano en USA 1899
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Strange Fruit

Southern trees bear a strange fruit // Los árboles del sur cargan una extraña fruta
Blood on the leaves and blood at the root // Sangre en las hojas y sangre en la raíz
Black bodies swinging in the southern breeze // Negros cuerpos hamacándose en la brisa del sur
Strange fruit hanging from the poplar trees // Extraña fruta colgando de los álamos

En 1939, Billie Holiday ya era una cantante reconocida en el mundo del jazz y del blues, ya había grabado con Count Basie y Artie Shaw. Ya había sufrido la humillación de tener que usar el montacargas en los hoteles porque no le permitían utilizar el ascensor. Ya había visto morir a su padre por falta de atención médica. “A mi padre no lo mató la neumonía, lo mató Dallas” dijo alguna vez. 

Ese año grabó Strange Fruit (extraño fruto). Dejó de ser una cantante que entretenía al público para pasar a ser una mujer que lo conmoviera. Strange Fruit se convirtió en una de las canciones que simbolizó y animó la lucha por los derechos civiles de los afroamericanos de la tierra de la libertad y justicia para todos. 

La poesía cruda y directa de Strange fruit, es una denuncia de los linchamientos de afrodescendientes en el sur de los Estados Unidos. Linchamientos comunes hasta bien entrado el siglo XX (¿alguien recuerda Mississipi en llamas?) Extraña fruta, la de un hombre colgando de un árbol, linchado por ser negro. Había sido escrita por Abel Meeropol, profesor, judío, ruso, comunista en Nueva York tras presenciar un linchamiento. Inicialmente se llamó Bitter fruit, y fue al componer la música que cambió lo amargo por lo extraño. 

Montevideo junio de 2018.

En algún sitio de la capital del país, cuatro empleados de una estación de servicio deciden matar el tedio invernal atando a un compañero. Dos videos lo muestran con manos y pies maniatados en cruz, como cuando se estaqueaba a alguien en la bárbara tierra purpúrea, Sus compañeros entonan cantos religiosos a su alrededor, le pegan una cruz de cinta aisladora en la cabeza. Lo abofetean (37 veces dice el informe de la fiscal). No conformes con esto, graban la escena, y de alguna forma la hacen circular. Es el dueño de la estación quien denuncia el hecho al recibir los videos. 

Agréguese que el atado, golpeado, insultado es afrodescendiente y que uno de los agresores mira la cámara y espeta “así tratamos a los negros en Uruguay”. No es una película de clase B para las matinés del fin de semana, no son miembros del Ku Kux Klan llevando a cabo un linchamiento, son cuatro trabajadores de una estación de servicio de Montevideo la muy tolerante y progresista. Todo se trata de una broma, habitual entre ellos según dirán luego. Claro que el atado, insultado, golpeado, humillado es siempre el mismo. Faltaba más.

Cuando por esas extrañas cosas del destino, el hecho se transformó en caso judicial entra en acción la fiscal. Se deja llevar por un arrebato de indignación, y entonces considera que “nadie se puede divertir a expensas del sufrimiento de otro, y mucho menos riéndose de alguien por formar parte de un colectivo, que en este caso es el ‘afro’, pero que podría haber sido cualquier otro (…) estamos hablando de una persona con cierta dicapacidad intelectual. Él puede haber considerado que no era agresivo, pero cualquiera que vea el video (se da cuenta que) es recontra agresivo”, (ver https://www.elobservador.com.uy/victima-la-estacion-y-victimario-dicen-que-son-amigos-y-las-agresiones-fueron-un-juego-n1247698)

La reconstrucción que hizo la fiscal muestra detalladamente la violencia del hecho, les ahorro el morbo. Pueden seguirlo en el link de la noticia. Como perla final, entrevistado por el mismo diario, uno de los agresores, al que llaman Richard se despacha tranquilamente: “Fue un juego basado en una amistad y una confianza, no en que él sea afrodescendiente ni en que tenga discapacidad”. Porque para los guapos en patota, sus agresiones nunca son tales, siempre tienen alguna justificación ridícula. Hasta que alguien ridículamente las cree. 

Por otra parte, encuentro que el Artículo 149 de nuestro código penal, prevé que “El que cometiere actos de violencia moral o física de odio o de desprecio contra una o más personas en razón del color de su piel, su raza, religión, origen nacional o étnico, orientación sexual o identidad sexual, será castigado con seis a veinticuatro meses de prisión”.

Quizás porque…

“2 y 2 son 4, 4 y 2 son 6” cantábamos en la ronda de pan y canela. Inocencia infantil. La indignación de la fiscal parece haber sido indignación contemporánea. De red social, donde uno se indigna fundamentalmente para decir que está indignado, y no para otra cosa. Qué tanto!

Así la solicitud inicial de cuatro meses de prisión para tres de los agresores y seis meses de prisión para el cuarto, terminó siendo sustituida, también a solicitud de la fiscal por “un régimen de libertad vigilada, con obligación de todos los involucrados de residir en un lugar determinado y bajo el control de la Oficina de Supervisión de Libertad Asistida (OSLA) por el período establecido con descuento de la detención sufrida. En español antiguo “Andá pa tu casa y no jodas más”

“Libertad vigilada” precioso oxímoron producido por nuestro sistema penal. La fiscal Morales, asegura que su decisión toma en consideración otros hechos que considera relevantes: “Se ponderó que, se suponía, habían reflexionado, se tuvo en cuenta que todos eran primarios, que tenían familia, trabajo y domicilio fijo, y que no era necesario someterlos al escarnio público”.

Uno ve los hechos, lee las explicaciones y como el pobrecito de la canción queda rascándose la cabeza. Porque “trabajador, con familia y domicilio fijo” también describe al sujeto humillado al grito de “así tratamos a los negros”. Sin embargo él sí fue sometido a la burla, la humillación y un escarnio que se hizo público. Extraña fruta esta en la cual lo que separa a unos y otros es el color de la piel.

Edh Rodríguez.

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