Más acá o más allá

Hagamos el siguiente ejercicio: un día cualquiera, usted va y se muere. ¡Ojo! No es que nosotros le estemos deseando algo tan desafortunado para su vida como lo es la ausencia de la misma, sino más bien, que piense que esto es algo que más acá o más allá nos va a acontecer a todos. Sabemos que usted viene a buscar en estas páginas algunas risas y puede parecer que ni bien entra a la primera nota que se le cruza, los condenados de este multimedio tan prestigioso le están deseando el final del camino. Nada más lejos de la verdad. Queremos aclarar que nuestras esperanzas están puestas en que usted posea una muy larga vida, bien vivida (incluso leyendo nuestras notas). Pero a lo que vamos… Que estábamos en que SUPONGAAAAAMOOOOS que usted va y se muere. (Uffff como costó este primer párrafo). 

La cosa es que usted ya en condición de finado, está pronto para la tierra o el fuego (según sus preferencias mortuorias). Su familia está despidiendo sus restos (por cierto, lo de “sus restos”, qué frase común más horrenda) y parten rumbo hasta la que será su “última morada”, por no decirle “cementerio” que suena feo. Van todos llorándole en medio de un cortejo fúnebre y resulta que en medio del viaje, se le cruza un auto, interceptando su último paseo por el barrio… ¿Usted qué prefiere? ¿Qué sus deudos salgan a trompear al intruso o que permitan que el automovilista continúe el paso como si se tratase de un martes cualquiera? 

No sabemos qué prefiere usted, pero ante una situación como la que pusimos en el ejemplo, los deudos de un flamante difunto optaron por resolver intromisión a las piñas. El hecho sucedió durante una jornada estival del 2026 en la vía pública de la ciudad de Maldonado. 

La cuestión es que un automovilista fernandino (no sabemos si por ansioso, por que tenía algo contra el fallecido o por puro despiste) resolvió atravesar el ya citado deambular del cortejo, ocasionando la interrupción del paso. Los familiares y amigos de la persona muerta, no lo tomaron a bien. Todos se bajaron de los vehículos para explicarle cuántos pares son tres botas. Según una testigo del caso que habló con el medio local “FM Gente” (al que les mandamos un cálido saludo), al auto interceptor le terminaron “rompiendo el parabrisas y le abollaron toda la puerta”. 

Arrinconado por los deudos, el automovilista procedió a volverse a su coche (que no era el fúnebre pero si continuaba interrumpiendo también podría haberlo sido) mientras hacía lo más uruguayo que puede hacer una persona en esta situación: defenderse tirándole el agua caliente del mate a la turba. El hombre se vio en inferioridad numérica (porque será ansioso pero no estúpido) y se bajó con el termo como arma, situación que habría apreciado el mismísimo espía uruguayo James Bo, personaje de Capusotto.

La cuestión es que el automovilista se dio a la fuga, pero algunos de los familiares del occiso decidieron perseguirlo y continuar con su tarea de diezmar la integridad física del automovilista (y por qué no también de su automóvil). Según los testigos, quienes permanecían en el cortejo, decidieron insultar a los vecinos que salieron a presenciar (y grabar) el fastidiado “viaje final”. 

Otra vecina aseguró al mismo medio: “fue una situación tan horrible, realmente muy triste. Llamé al 911 y no llegó ni una patrulla. Indignante fue”. Lo que no sabemos es si para ella fue indignante que no llegara la patrulla, la interrupción del cortejo, la bataola en sí o que la terminaran insultando por chusma. O todo eso junto. 

Para finalizar, dado que no sabemos si el cortejo pudo terminarse de hacer o si hubo que lamentar más víctimas que la persona que ya había fallecido previamente, queremos recordarle que lo que dijimos al inicio era solo un ejemplo, y deseamos que usted se encuentre muy bien de salud y que su vida sea lo más larga posible. Y si usted quiere una vida próspera, ya eso corre por su cuenta.

Portada: Foto de Alex Kulikov en Unsplash

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