El deporte también es político

Hay algo que aparece cada 15 minutos: la gente “bienintencionada” que se asusta porque se politicen cuestiones que se les antoja lejos de estos temas. Un ejemplo: cuando alguien se manifiesta en el deporte.

Tomemos un ejemplo ya superado pero de total vigencia. En los Juegos Olímpicos de Tokio, hubo un hecho que no pasó desapercibido. El judoca argelino Fethi Nourine y su entrenador, se retiraron de la competencia para no enfrentar al israelí Tohar Butbul. El motivo: apoyar a la causa palestina.

En esta nota no entraremos en la polémica sobre una decisión como la tomada por el judoka. Centremos todo este inciso en la reacción que se lee mucho en los comentarios de las noticias y en las redes sociales. “Los deportes y la política no tienen nada que ver”.

Sinceramente no sé si usted cree en esta idea. De ser así, tendremos que hacerle un plot twist que seguro le volará la mente: deporte y política van de la mano, como una pareja de adolescentes que acaban de dar el primer beso. Básicamente, porque la política encuentra en el deporte un aliado ideal. 

Eso se debe a un relato en donde el deporte se muestra como algo totalmente aséptico, libre de la podredumbre de la especulación, la corrupción o los negocios. Cabe entender que la escena siempre está bien presentada. Todo parece una competencia en condiciones de igualdad, entre hombres y mujeres con una preparación adecuada, sin involucrar decisiones gubernamentales o Estatales. 

Pero sin dudas que es un refugio propagandístico ideal. Un claro ejemplo fueron los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936. El nazismo aprovechó la propuesta que se presentó en 1931 (antes del ascenso del régimen) y lo utilizó para difundir frente a los ojos del mundo la idea de perfección del sistema, no solo en cuanto a una raza superior sino también desde el punto de vista político. De hecho, la maquinaria propagandística nazi, cuidó al extremo cada detalle, llegando a borrar todo vestigio de antisemitismo, con el fin (conseguido en muchos casos) de mostrar una Alemania poderosa y ordenada. También una superioridad en el medallero, relegando al segundo lugar a los Estados Unidos. 

Todo el tiempo vemos regímenes de todo signo y color, pegados a eventos deportivos. Da lo mismo si son dictaduras en la América Latina de los 70, fascismos en la Europa de entreguerras o en el Comunismo Chino en 2008; no interesa si son democracias de izquierdas o de derechas, monarquías, emiratos o partidos únicos. La política se apoya en el deporte y el deporte hace negocios con la política. 

Pero así como los gobiernos utilizan estos eventos, también los militantes de las más diversas causas ven aquí la posibilidad de tener una voz a escala planetaria. Y por eso, puede un movimiento como el de los Panteras Negras de Estados Unidos, haber realizado una protesta tan icónica en la historia de los JJOO como lo es la imagen que ilustra esta nota. O que en Tokio, el judoka argelino Nourine rechace competir contra alguien de un país que, según sus convicciones, está oprimiendo a otro. Ergo, es una forma de llamar la atención del mundo, igual a la que emplean los gobiernos.

Así que, por favor, no repita más que política y deporte no tienen nada que ver. La próxima vez, si usted es de los que piensa que las causas no deben manchar el espectáculo, directamente vaya de frente con su disgusto. Evítese quedar como un ingenuo que aún cree en los Reyes Magos. Por cierto, algún día sabrá quiénes eran esos seres que cada seis de enero le dejaban regalitos en los zapatos. Pero no se lo contamos ahora, porque con una desilusión por día alcanza. 

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