Cuando todos nos estábamos comiendo las uñas por el vértigo, la AUF agarra la pelota bajo el brazo. El siempre apasionante Torneo Intermedio deberá detenerse. El motivo: un simple mundial de fútbol.
Seamos sinceros, ¿qué prefiere usted? ¿Ver un Catar vs Bosnia y Herzegovina o un Deportivo Maldonado vs Albion? ¿Usted siente que el verdadero balompié se juega en esas canchas a las que seguramente hubo que borrarle las líneas del fútbol americano? ¿Puede existir un fútbol donde no se permite a los jugadores hacer tiempo, demorar los cambios y hasta poder putearse libremente? Muchas preguntas y una sola respuesta: gana el show, pierde el deporte.
Vayamos a la última fecha antes del parate del Intermedio. Primero con el partido entre Nacional y Juventud de Las Piedras en el Gran Parque Central. Una transmisión donde apenas se podía intuir que en la cancha había alguien moviéndose. Y no era el humo que pueden generar algunos dirigentes; era pura y dura niebla. Encima ni siquiera había una pelota naranja para la nieve, cosa que podría haber ayudado en parte. Todo un espectáculo visual. El nuevo “fútbol abstracto”. ¡Sacá del medio, Mundial 2026!
Y por otro lado, el match entre Cerro y Peñarol. Un Estadio Luis Trocolli remozado, con tribunas completamente llenas de vegetación silvestre (último grito de la moda en Milán), publicidades vintage pintadas a mano en 1980 y un campo de juego poseedor de un estilo “suelo lunar”. Un juego con desafíos extra, ya que el verde gramado por tramos pasa a ser un cráter o una loma. ¿Este nivel lo veremos en Vancouver, Guadalajara o San Francisco?
En un mundial usted puede encontrar jugadas llenas de lírica. Y no es que en Uruguay no hayan jugadores que no puedan tirar un caño, hacer jueguito con la pelota o desmarcarse con un pick and roll similar al básquetbol; es que no lo hacen por temor a terminar con una fractura expuesta. Por algo Pelé nunca le metió un gol a Uruguay.
En cambio en un mundial, y en particular este en Norteamérica tan lejana al fútbol auténtico, estaremos más cercanos a un certamen que a una competición. Precios que fluctúan como si se tratara de comprar acciones en la Bolsa de Valores, espectadores que pagarán fortunas para poder grabar el partido con su celular y mucha música pseudolatina (o también pseudomúsica latina) para mantener entretenidos en el entretiempo a los que estén ahí. Todo para que el asistente a las gradas ponga 5 estrellitas en los comentarios de Google.
Qué sabrán en el norte de lo que es escuchar el cántico del cafetero o del churrero, mientras tu equipo está atacando al arco rival. O que ir al baño sea solo para quienes gustan de los deportes de muy alto riesgo. Ellos no sabrán nunca la épica de la publicidad de Larrique Rulemanes o los Chorizos Extra Cativelli. Tampoco vivirán la experiencia de tener que tomarse un ómnibus después del partido, repleto de hinchas de Peñarol o Nacional. Ya sabemos que “billetera mata galán”, pero también “imprevisible mata prefabricado”.
Es por eso que para VDN el fútbol auténtico se paró ayer. Por un mes extrañaremos ese mundo cuasi mágico donde en medio de un gol puede aparecer un perro en la tribuna, una cancha se puede tratar de secar con colchones viejos o donde una bengala marinera no te hace suspender un clásico.
Pero por suerte, ya está todo bien pensado: la sexta fecha del Intermedio, la penúltima, justo cuando entra en su etapa más trepidante de la definición, competirá contra la final del mundial y ahí se verán los pingos. Porque en norteamérica tendrán estadios inteligentes y transmisiones en 8K, pero el Intermedio tiene siempre ese qué sé yo de lo artesanal. Mundial: ¡aprontate para competir contra la masa madre del fútbol!