Ganó en Brasil, Luiz Inácio Lula Da Silva, en una de las elecciones más apasionantes de los últimos tiempos. Una remontada épica que derivó en un triunfo histórico: por primera vez desde el retorno a la democracia, un candidato logró revertir el resultado de la primera vuelta. Y es la primera vez que un presidente brasileño gobierna por cuarta vez. Pero hay algunos hechos que no pueden ser obviados: el peinado y un canal de Whatsapp.
No vamos a negarlo: las campañas políticas están dando un giro muy interesante. Hasta hace muy poco, las condiciones para ganar una elección apuntaban a dos ejes clave: dominar las redes y ser rupturistas con el “establishment”. ¿Y cómo se lograba eso? Con un ejército de bots que denigren e insulten a todo aquel que sea diferente y un candidato con un peinado extravagante por demás. Ah, y que sea muy de ultraderecha.
Pero esta elección brasileña está dejando nuevas enseñanzas tanto para un lado como para otro del abanico político. Es que Flavio Bolsonaro dio un gran batacazo durante la primera vuelta de las elecciones, al superar todas las expectativas en la previa a los comicios. Todos los analistas políticos lo ponían como el gran favorito. Pero como sabe cualquiera que conozca a los periodistas deportivos (porque los analistas políticos son como comentaristas de fútbol pero con ciertos estudios), cuando le ponen la cocarda de ganador, automáticamente lo están “enyetando” o “salando”.
Como dijo el Maestro Oscar Washington Tabárez, “las estadísticas están para romperlas”. Con esa mentalidad, el equipo de Lula salió a darlo todo para lograr algo nunca visto en la historia brasileña. Y vaya si lo consiguieron superar a Bolsonaro (y a toda la población uruguaya al mismo tiempo) por 4,4 millones de votos. El punto de inflexión estuvo en dos cuestiones fundamentales: el uso de un sombrero y una estrategia de Whatsapp que movió a millones de personas.
Lula, producto de haber tenido cáncer en la piel del cuero cabelludo, comenzó a usar un sombrero por prescripción médica. Un detalle que no fue planificado, que sin embargo terminó identificando al candidato, al punto de convertirse en una de las piezas fundamentales de su campaña. Ante la “marca capilar” de la ultraderecha, un sombrero Panamá fue la alternativa.
Pero con eso solo no bastó. También hubo una especie de “efecto contagio” entre la masa de militantes, producto de la efervescencia del “Ejército de Lula”, una estrategia de canales de Whatsapp donde se hicieron misiones, la gente compartía las creaciones de memes y se proponían consignas o temas. Y todo esto impulsado por un diputado: André Janones. A la militancia de bots ultraderechistas, millones de personas reales dieron la pelea en las redes.
El problema es que ahora aparecerán cientos de consultores políticos que lo primero que van a proponer es abrir un canal de Whatsapp y decirle todos los días que tienen que conseguir a uno más. Como si con eso solo bastara para ganar una elección. Ya sabemos que el consultor es muy de robar ideas para luego ofrecerlas junto con términos en inglés como “engagement”, “briefing” o “lo top de lo top”.
Lo cierto es que paulatinamente empiezan a aparecer alternativas a las campañas electorales diseñadas desde el Partido Republicano de Estados Unidos. Nuevas formas de comunicación que comenzaron con Zohran Mamdani en Nueva York, luego con Elif Eralp en Berlín y ahora Lula en Brasil. Se abre una luz de esperanza para el Frente Amplio en Uruguay, que quizás pueda pelear el próximo gobierno. Ahora solo le falta tener un candidato de izquierda.