Se dice que cuando la reina María Antonieta se enteró que el pueblo pasaba hambre y se quejaba de lo caro que estaba el pan, su respuesta fue “qué coman brioche”. También se dice que luego de esa frase, la turba enfurecida salió a prender fuego con todo (costumbre típica de los franceses), pero al parecer no fue tan así. O más o menos. La cosa es que María Antonieta terminó perdiendo la cabeza. Y no fue por amor.
Es que ella representaba un sistema que no estaba en sintonía con la gente. Era austríaca y la casaron por conveniencia con Luis XVI de Francia para evitar una guerra. Encima que ya era resistida se volvió más impopular porque la asociaban con el derroche y la frivolidad en medio del hambre y la miseria. Al final el matrimonio terminó perdiendo la cabeza. Literalmente.
Recordemos que en ese entonces, la crisis financiera, los problemas de abastecimiento y precios, los conflictos políticos y una desigualdad social enorme, hicieron que la gente perdiera simpatía por el sistema monárquico. De hecho, la frase de que si no tienen pan que coman brioche (un pan de lujo para la época), terminó siendo un símbolo del distanciamiento entre la monarquía y su pueblo .
Salvando las distancias, nosotros tenemos un Mario Antonieto: el Senador Sergio Botana.
¿Y por qué decimos que Botana es Mario Antonieto? En medio de una entrevista en un canal de streaming, Botana dijo que no llega a fin de mes con el sueldo que tiene de legislador. Un oyente le mandó un audio: “quiero preguntarle si no le da vergüenza ganar lo que gana, con partidas de representación y la mar en coche, como tienen ellos y los ediles, habiendo tanta gente que no tiene para comer”. Y el senador respondió sin que se le moviera ni una arruga.
No es austríaco, es arachán. Y no se casó con Luis XVI pero el anterior wilsonista se pegó al herrerismo de Luis Alberto Aparicio Alejandro Lacalle Pou. Y encima se manda una frase que parece que la dijo solo para que podamos escribir esta nota. Bien a lo María Antonieta.
Según nos cuenta, su vida es muy dura porque tiene que viajar mucho y comer fuera de casa. Tiene dos hogares que mantener, uno en sus pagos y otro en la ciudad, esa a la que alguna vez llegó con su maleta cargada de sueños como el chico humilde que es. Aún hoy lo sigue siendo, con ese mísero sueldo nominal de 400.000 pesos por mes, al que incluso se le agrega una partida solo para gastos de celular.
Y encima hay solo dos momentos del año en los que puede “redondear” su vida: cuando cobra el aguinaldo. Pasando penurias hasta que llega ese tan ansiado (y comunista) beneficio social que todos los orientales anhelan. Porque Botana no hace gastos extra. O al menos eso declara. Y quizás pueda gastarse unos pesitos en cambiar la cortina del baño o arreglar un azulejo que se partió hace 8 años. Esos gastitos que vamos dejando para atrás.
Pero volviendo al punto central: si lo dijo en serio, este señor vive en Narnia. Si lo dijo como ironía, la jodita le puede resultar muy cara. Y no importa si es blanco como él, colorado o frentista. Porque mientras el salario mínimo en Uruguay es de 25.383 pesos, el suyo ronda los 400.000. Casi 16 salarios mínimos.
Desde VDN no alentamos a que a Sergio Botana le corten la cabeza como a María Antonieta, ni mucho menos. Y tampoco vamos a caer en el chiste fácil de decir que, de tanto recomendar no usar casco en la moto puede terminar como la reina consorte.
Se abrirán cuentas en Brou, Abitab y Redpagos para que el pobre Marito pueda tener sus necesidades cubiertas.
Estamos contigo, no estás solo…