Cualquiera menos nosotros

El presidente estadounidense, Donald Trump, escribió en su red social Truth que “esta noche morirá toda una civilización para no volver jamás”. Luego acotó que él no quiere que eso pase, pero que es muy probable que suceda su vaticinio. El problema es que con frases como esta, cualquier nación del mundo podría sentirse en peligro. Excepto en Uruguay. ¡Qué suerte tenemos de haber nacido en el sur del sur!

Para empezar, esta amenaza no nos toca. Decir que Uruguay es un país ya es mucho. Según nuestros queridos hermanos argentinos, nosotros somos una provincia de ellos, que gracias a una proverbial rebeldía (y haberles salvado de que fueran colonia inglesa cuando lo de las invasiones homónimas) nos independizamos de su territorio. Para nuestros hermanos brasileros pasa algo parecido. Solo que ellos tuvieron mejor suerte y se quedaron con la mitad del territorio. Para el resto del planeta (incluyendo a muchos de nuestros hermanos latinoamericanos) somos Paraguay.

¿Uruguay es una civilización? En términos estrictamente formales, sí. Ahora… ¿Tenemos la energía vital para ser una civilización bien piola? Ahí ya la cosa cambia. Hay varios datos que afirman lo contrario. Para empezar, ni siquiera tiene un nombre imponente. Su denominación es algo así como “ese país que está ubicado en los mapas al costado derecho de un río”.

Otro dato, es que si uno mira las ganas de poblar la tierra que tiene la gente que vive en la penillanura levemente ondulada, no parece que haya mucho entusiasmo. La población es la más envejecida de América y está estancada en la misma cantidad de habitantes desde hace varias décadas. De hecho, Uruguay está más lleno de vacas que de personas: 12 millones de vacas contra 3 de gente. 

Los inventos más significativos fueron el SUM (que consistía en meter una resistencia eléctrica adentro de un termo y así calentar agua para el mate), las emergencias médicas móviles, los servicios de acompañantes en hospitales y la leche en polvo. Es decir, todo lo que un jubilado necesita. 

Entonces, visto lo visto… ¿A quién se le ocurre vivir en un país como este? Bueno, nuestra principal contra es también nuestra principal virtud, que nos da una ventaja global: sabemos que Donald está amenazando a cualquier lugar del mundo EXCEPTO a Uruguay. Porque si hay algo que podemos estar seguros es que acá no va a caer una bomba nuclear. Si eso sucediera, seguramente se deprima antes de tocar la patria que ni Artigas quiso tener y se vaya para otro destino más “bombardeable”. 

Así que mientras el mundo se cae a pedazos, nosotros miramos las noticias internacionales como quien ve una serie en Netflix. Seguramente, en el momento en que una civilización está muriendo producto de los berrinches de un monarca sin corona, usted mire a su pior es nada, y le diga “¿viste lo que dijo ahora Trump?” antes de hacer espalda con espalda y ponerse a dormir como un bebé. Total… El fin del mundo siempre está bien lejos de acá.

Imagen hecha con IA.

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