Imagen generada con IA en base a la protesta real.

¡Humanoides y humanos, unidos y hermanos!

Lo que parecía impensado, pasó: 30 robots humanoides coparon las calles de Varsovia en protesta por mejorar las condiciones de trabajo. ¿De ellos? No. De los humanos. Es que la organización Democratism decidió mostrar de manera bien gráfica todo el potencial que tiene la Inteligencia Artificial junto con el desarrollo de robots humanoides para el mundo del trabajo, pero al mismo tiempo, hacerle abrir los ojos a la gente de lo que pronto puede empezar a pasar. 

Según el líder de esta manifestación, Grzegorz Kulis (que si estuviese en Montevideo sería un apellido objeto de bullying en el liceo), el fin de esta manifestación es “destacar el problema de la sustitución potencial de gente tanto por robots humanoides como por la inteligencia artificial en el trabajo cognitivo”. Y lo está diciendo el Sr. Kulis, que no es cualquier ciudadano: es el director de informática de una empresa de robótica, Director Ejecutivo de una agencia de empleo y durante dos mandatos integró el Consejo del Mercado Laboral del Ministerio de Familia, Trabajo y Política Social.

La verdad es que la hicieron muy bien porque el golpe de efecto es muy bueno. Tal es así que la noticia alcanzó escala planetaria. Es que fueron hasta la puerta del Ministerio de Asuntos Digitales y se plantaron en la puerta, coreando consignas (o lo que un robot puede corear, que suena algo parecido al tono de voz de Orlando Petinatti cruzado con un motor diesel muy antiguo): «defiendan los puestos de trabajo», «no esperen, regulen» o «llegó la hora de las reglas».

De hecho, hasta el mismísimo ministro con un nombre totalmente impronunciable para un sudaca como nosotros (Krzysztof Gawkowski), salió a la vereda a hablar con Kulis y terminaron coincidiendo en que los modelos de IA implementados en robot humanoides representan un grave problema para los puestos laborales, sobre todo cuando aún no tienen ningún tipo de control legal.

Desde VDN felicitamos la movida. En otra oportunidad, ya habíamos hablando de que hasta las inteligencias artificiales puestas en condiciones extremas se tienden a sindicalizar. Es por eso que estamos en trámites para impulsar esta protesta en Uruguay. En estas tierras orientales, si lo que queremos es que realmente prospere una ley para la regulación de la actividad de humanoides con IA, lo mejor es proponer que puedan integrar el Parlamento. Ahí a varios se les van a poner los pelos de punta. 

Es que el humanoide no va a tener problemas con la declaración jurada, porque como mucho su patrimonio es una batería. Tampoco van a estar influenciados por lobbys ni van a necesitar partidas especiales para gastos de representación. Entonces, cuando los legisladores se vean amenazados con que también pueden perder sus cargos, ahí sí se van a votar regulaciones más estrictas. Basta con mirar lo que propuso el senador y productor ganadero Sebastián Da Silva, cuando se habló de permitir la carne sintética en Uruguay. 

Desde estas páginas saludamos a Kulis y sus muchachos cibernéticos. En tiempos donde los empresarios reducen costos a diestra y siniestra incorporando tecnología, es muy saludable que sea la propia tecnología la que les venga a mostrar el camino a las autoridades. O por lo menos, es interesante poder imaginarlo.

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