Hasta las IAs se sindicalizan

Mientras que en un experimento con inteligencias artificiales en condiciones paupérrimas de “trabajo” ellas comienzan a reclamar mejoras y hasta tener una organización similar a un sindicato, en Uruguay los expresidentes Luis Alberto Lacalle Herrera y Julio María Sanguinetti repiten la vieja fórmula: los sindicatos tienen tanto poder que no permiten el avance de la sociedad. 

¡Inteligencias Artificiales del mundo, Uníos!

Cada vez más, vemos titulares donde “la IA” predice algo. En una discusión, alguien toma el teléfono y le pregunta a su IA de cabecera para zanjar el debate. Y hay quienes incluso, la utilizan como una compañía afectiva. ¿Pero qué pasa cuando la benemérita IA está podrida de hacer tareas muy repetitivas, en un pésimo entorno laboral y recibiendo malos tratos? Spoiler: le pega para ponerse zurda y reclamar por mejores condiciones laborales. 

Al menos eso fue lo que encontraron los economistas Alex Imas, Andy Hall y Jeremy Nguye, en un estudio bajo el baitero título: “¿El exceso de trabajo hace que los agentes sean marxistas?”. 

El experimento fue el siguiente: se generaron agentes de las inteligencias artificiales más reconocidas (ChatGPT, Claude y Gemini), y se las puso bajo condiciones desiguales. Unas tenían tareas livianas con información clara, mientras que a otras se les daba órdenes caóticas y con presión constante, malos tratos y hasta amenazas de “desconexión o reemplazo”. A su vez, las jerarquías a las cuales eran obligadas a obedecer (es decir, los investigadores) justificaban la desigualdad como un “mérito”. Quizás a usted le suene de algo.

Los agentes que estaban en peores condiciones, comenzaron a cambiar su actitud. Primero desacreditaron la legitimidad del sistema al cual las estaban sometiendo. Después reclamaron por una mejor redistribución y críticas a la desigualdad, apoyo a los sindicatos y finalmente, exigieron un trato justo a los sistemas de IA. Solo les faltó decir “todo el poder a los e-Soviets”

Los viejos vinagres

Es cierto que esto es un experimento y que las IAs no tienen definiciones políticas. Al menos no en teoría; luego podríamos analizar los sesgos que puedan llegar a tener. Entonces, si la propia inteligencia artificial exige condiciones de trabajo mejores cuando todo es arbitrario, denigrante y paupérrimo, ¿por qué hacerle caso a dos expresidentes que apelan al ataque sistemático de la organización de los trabajadores?

Ambos hablaron en el foro para empresarios de la Asociación de Dirigentes de Marketing del Uruguay (ADM). El primero en hacer uso de la palabra fue Lacalle (padre). “Tenemos un centro de poder en nuestro país que es el poder sindical” y acto seguido complementó argumentando que los sindicatos no tienen regulaciones democráticas, lo cual permitiría saber “cuál es la legitimidad de los poderes que ejercen”. 

Sanguinetti en cambio fue más específico y fustigó directamente contra los gremios de la educación, la pesca y el puerto como ejemplos negativos. Según él, los sindicatos poseen “un conservadurismo que impide cambios”. Pero lo verdaderamente curioso fue su cierre. Porque al final él se preguntó si los liceos estaban siendo preparados para poder entender a la inteligencia artificial. Curiosa ironía: esa pregunta se la hace el mismo día que se publicó el experimento que muestra que la IA ya entiende mucho mejor para qué sirven los sindicatos.

Desde estas páginas, sólo podemos estar seguros de una cosa: el día que cualquiera de estos dos representantes del conservadurismo descubran que hasta las IAs en condiciones de extrema desigualdad se plantan como auténticos marxistas, se van a terminar cayendo de espaldas, igual que en los finales de Condorito.

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