Esta nota parte en la tarde del 26 de agosto, durante uno de los inviernos más crudos de los últimos años. Esa misma tarde jugaba Peñarol, no hubo grandes sobresaltos y hasta incluso de lo loco que está el mundo seguía siendo tan loco como de costumbre. Pero tu noticia vino a cambiar los planes.
Un buen día te ibas a ir. Tu cuerpo no se iba a levantar más. Un último suspiro y la vida se apagará en un soplido del destino. Como cualquier otra persona de este mundo. Pero hay vidas que parecen eternas. Sobre todo cuando en lugar y en una época, son forjadoras de un rumbo.
De golpe, tu cara empezó a aparecer. Tus manos tocaban decenas, cientos, miles de tambores. Estabas en todos lados. En las calles, en las casas, en los centros de estudio, en los medios de transporte o en los hospitales. Tu sonrisa alcanzó a todos. Tu voz acompañó a millones. Hiciste chistes, hablaste con periodistas, bailaste, cantaste canciones. Sobre todo, cantaste canciones.
Las redes, que siempre se llenan de odio, por un buen rato se bañaron de amor. Los que te admiraban, por supuesto que hablaron de vos. Pero los que no te apreciaban mucho (en general por tus opiniones), también hablaron de vos. Y bien. Con respeto. Hasta con cariño te diré. Cosa rara para los tiempos que corren. Porque vos fuiste un distinto. Y justamente en estas horas es cuando uno puede darse cuenta de lo fuerte que puede llegar a ser el mensaje de alguien que siempre estuvo ahí.
Será por eso que tu cara, se compartió de teléfono en teléfono. Pero no era UNA foto. Eran tantas como versiones hubo de vos mismo. Una bien joven. Otra, serio y comprometido. Otras a las risas. Otra con el alter ego con el que comenzaste tu carrera. No faltaron las fotos donde cantabas con los pelos parados y pintados o cantando canciones infantiles. Las de adulto, las de veterano, las más recientes. Todas, lleno de energía.
Pero hoy tocó despedirte. Parece mentira. Vos hiciste tu camino. Nosotros debemos mantenerlo vivo, porque costará mucho encontrar a otro como vos. Y te das cuenta de lo que impactaste en la gente, cuando la repercusión de la noticia es a nivel internacional. Ni siquiera vos mismo te lo podías imaginar, cuando andabas entre los conventillos de Cuareim y Ansina.
Mientras estamos escribiendo este pequeño recordatorio tuyo, vos estás en el Salón de los Pasos Perdidos del Palacio Legislativo, siendo despedido por jerarcas y autoridades, pero también por la gente que te quiere ir a saludar antes de que nos dejes del todo. Ayer, cuando se enteraron, miles de uruguayos de manera espontánea se juntaron en la calle Isla de Flores (ese territorio mítico para la comunidad afrouruguaya), para hacer una rueda de candombe en tu homenaje. Era lo que vos hubieses querido.
Y ahora sí, es tiempo de cerrar esta nota con las formalidades del caso. Ruben Rada falleció en Montevideo el 26 de agosto de 2026, a los 83 años. Sus restos son velados en el Salón de los Pasos Perdidos del Palacio Legislativo.