La patria es el otro (incluso un pelotudo)

Esta es una nota que promete ser difícil, porque vamos a empezar hablando de historia y filosofía para terminar hablando de caca de perro. La cosa es que ayer se conmemoraron los 201 años de la Declaratoria de la Independencia del Uruguay y en VDN nos colgamos con algo que escuchamos por ahí: no hay “patria” si no hay un “nosotros”. ¿Quién es este “nosotros”?

Si queremos entender qué carajo es una patria, primero veamos algunas cuestiones básicas que andan cerca, como las nociones de comunidad, nación y nuestra relación con los demás. Pero antes vayamos a la definición original de la palabra “patria”. Viene del latín “pater” y su significado literal es “la tierra de los padres”. Prácticamente la patria es la casa de tus viejos, concepto que viene unido a terreno, familia y herencia.  

Aristóteles (cuando no) agregó la comunidad política a la que pertenecemos y con la que queremos construir una vida en común. Cicerón le dio un plus al concepto de Aristóteles y dijo que hay que sumarle las leyes que construimos. O sea que la patria también nos obliga. (¡Cicerón, aburrido!)

Hegel le da una vueltita de tuerca interesante: la patria es una herencia colectiva. Nacemos dentro de una historia que nos antecede y que está ocurriendo right now, babe! Y luego vino Ernest Renan para decirnos que la nación “es un plebiscito de todos los días”. Por lo tanto, no es solo lo que heredamos sino también lo que queremos seguir compartiendo. Y más acá aparece otro, Benedict Anderson, a decirnos que la nación es una “comunidad imaginaria”. Es eso que tenemos en común un habitante de Cerro Pelado en el departamento de Rivera y otro del barrio Ituzaingó en Montevideo.

Y por último llegamos a Emmanuel Lévinas que dijo que si la política tiene un contenido ético la patria no puede existir únicamente desde el concepto del “yo” sino de un “nosotros”. Para eso hay que primero reconocer la existencia y la dignidad del otro. El otro… Qué tema.

Más de 2000 años de filosofía metidos en 4 párrafos. Qué resumen hicimos… ¡Tas loco!

Pero la pregunta que nos surge es: ¿qué nos une cuando la patria es un otro con el que no coincidimos? Recordemos que el uruguayo se define por lo que no es. Esta teoría la explicamos en nuestra nota La culpa es del invierno. El uruguayo no es buen bailarín como el cubano, no es alegre como el brasilero y no es creído como el argentino. Ni siquiera tiene nombre propio: es la patria al oriente del Río Uruguay. ¿Entonces? 

Es que la mismísima construcción del Uruguay como tal no comenzó en 1825, pero ese 25 de agosto aparece algo muy interesante con la Declaratoria de la Independencia: los cimientos de la patria uruguaya. Son tres ideas claras: primero, lo que no queremos ser (parte del Imperio Brasileño); segundo, con quién nos queremos juntar (las Provincias Unidas) y por último, un símbolo propio (Ley de Pabellón). Y en buena medida, la cosa anduvo por estos carriles.

Entonces, ya que fuimos a las raices y vimos lo que nos une y lo que nos separa, aprovechemos que estamos a poquitos días del Clásico para pensar lo siguiente: ¿Existe una patria sin “Peñarol” o sin “Nacional”? Ambos cuadros se odian y se necesitan, por partes iguales, porque ambos forman parte del denominado “fútbol uruguayo” y son las identidades futboleras más grandes de este “bendito país” (Sánchez Padilla dixit). Nuestra humilde respuesta es que no puede haber un fútbol oriental sin alguno de los dos. O mejor dicho: poder puede, pero ya no sería el mismo. Por aquello que dijimos del plebiscito de todos los días.

Como vimos en el ejemplo anterior, la patria es una especie de Yin Yang taoísta que nos une y nos separa al mismo tiempo. ¿A quién queremos dentro de ese “nosotros”? ¿Puede un ladrón de bicicletas ser parte de ese nosotros? ¿Puede serlo un banquero que se quedó con los ahorros de muchos? ¿Y un asesino? ¿Y una persona en situación de calle? ¿Y un latifundista? ¿Y un hincha de Cerro? ¿Y el que ama la pizza con ananá? ¿Y el que deja la caca del perro tirada en la vereda? Desde estas páginas podemos entender todo esto, salvo a esta última clase de personas que por su culpa te dejan oliendo a mierda allí a donde vayas. Esos requieren un tribunal aparte.

La cosa es que en este mundo, donde nadie se banca nada más que SU verdad, construir una patria es algo digno de estudio. En Uruguay sabemos lo que no somos, pero ya es hora de empezar a pensar en lo que sí queremos ser, mientras esperamos al próximo mundial para abrazarnos con un gol de La Celeste. Incluso cuando el otro es un idiota que nos pisa el pie y, aun así, lo abrazamos.

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