Ningún pibe nace prócer

José Gervasio Artigas cumple hoy 262 años. O mejor dicho: se cumplen 262 años de su nacimiento, porque hace mucho tiempo que dejó de ser solamente una persona para convertirse en otra cosa. En una idea. En un símbolo. En definitiva: en un prócer.

Y acá es cuando nos entra la pregunta. ¿Qué corno es un prócer? ¿Puede ser cualquier persona o hay requisitos excluyentes? ¿Dónde se llena el formulario para postularse? Todas estas preguntas y muchas más son las que no encontrarás respuestas en esta nota. Pero seguí leyendo que vamos a explorar (brevemente) los vericuetos de esta intrincada cuestión de ser “el más mejor” de los nuestros. 

Ahorrémonos toda esa parte histórica de la vida del bueno de José Gervasio, que la podemos encontrar en cualquier libro. La pregunta de esta nota es: ¿Por qué llega un tipo como Artigas a ser el dios de los laicos orientales? 

“Imagino que no basta con desear muy fuerte entrar en la historia para ser un prócer”, se preguntará usted. Efectivamente. Se necesitan otras condiciones, que nunca son simples ni directas. Alcanzar este estatus no es como completar el álbum del Mundial. Por más que es cierto que este álbum tiene 940 figuritas que conseguir y cuesta casi un ojo de la cara poder llenarlo, para ser prócer es un poquito más complicado.

La creación de la figura de un prócer no viene del pasado. Viene del presente. Cada generación mira hacia atrás y elige qué valores, qué ideas y qué personajes quiere rescatar para explicar quién es y hacia dónde quiere ir. 

Los próceres no aparecen solos. Ningún pibe nace prócer. Hay gobiernos que los reivindican, escuelas que enseñan su historia, medios que destacan algunos aspectos de su vida y monumentos que los convierten en parte del paisaje cotidiano. Cada generación vuelve a construirlos un poco. Y sí: también hay días feriados.

Y llegados a este punto surge una nueva pregunta: ¿para qué sirve tener un prócer (además de darnos un día feriado como se acaba de decir)? La respuesta es simple y compleja a la misma vez: para poder tener una identidad nacional. Ese héroe es para todos la representación hecha carne de lo que queremos como nación. Y en ese espejo, buscamos unos valores que nos atraviesen a todos por igual.

Artigas pasó por épocas donde era considerado como un libertino y por otras donde fue un libertador. Para unos fue contrabandista y mujeriego; para otros un militar de carrera, un estratega y casi un filósofo. En su momento, Artigas, al igual que San Martín, Bolívar y O’higgins terminaron sus días en el exilio, debido a ser incómodos para las patrias recién creadas. Durante décadas ocupó un lugar secundario en los relatos históricos. El “Artigas prócer” vino después.

Entonces, para terminar, cabe preguntarse cuáles serán los próceres del futuro y como lograrán entrar a la historia. ¿Qué mira el Uruguay de hoy? ¿Qué mirará el Uruguay del mañana? ¿Quién los pondrá en el pedestal? ¿Los libros? ¿Las redes? Todas preguntas, que como dijimos al principio, no tenemos respuestas. 

Lo único que sí sabemos es que un prócer no es la persona más importante de una nación; es la persona que una nación eligió recordar como la más importante. 

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