Carta de un uruguayo para un amigo argentino

Querido, hoy no te vengo a hablar de fútbol. No vengo a tomarte el pelo, pero tampoco quiero ser condescendiente. Ambos caminos serían una falta de respeto para vos y los tuyos. Y no me parece justo. Solo quiero escribirte porque veo que te sentís mal. 

Hoy estás enojado. Es lógico. Pero no es el fin. Es tan simple y tan complejo como eso. Al otro día los gurises volvieron a las escuelas, los tamberos a ordeñar vacas, los bomberos siguieron apagando incendios y todo retomó su ritmo habitual. Argentina seguirá siendo argentina, más allá de un torneo. Y ser segundos no está nada mal. Lo que pasa es que siempre lo viste como un defecto porque quisiste ser el mejor en todo. Aunque, nobleza obliga, con los “Cebollitas” hicieron escuela.

Pero también es cierto que eso genera otras cuestiones. Te cuento que desde acá, desde Uruguay, a veces los vemos con admiración. Otras como ejemplo (a seguir o a no seguir). Otras con recelo. Un argentino se distingue a cualquier sitio que va. Porque son así para lo bueno y para lo malo: intensos. Estoy seguro que esas señas de identidad, muchas veces te pueden llevar a confusiones. Si esto lo trasladamos al terreno de una competencia de alcance planetario, la cosa escala bastante.

Será que desde esta margen del río grande como mar, la identidad pasa por otro lado. Somos chicos, rodeados entre dos gigantes que siempre miraron a este territorio con ganas. Nuestro destino, a diferencia del tuyo, es “no ser”. Y eso es precisamente lo que nos da esa cuestión que se puede confundir con la humildad que tanto les llama la atención. Nosotros “nunca somos”. Algo que, al igual que tu intensidad, se convierte en un defecto y una virtud al mismo tiempo. 

No somos los que vamos a ganar. No somos los más grandes ni los que llegan más lejos. No somos los que llamamos la atención. No tenemos destaque. Somos pocos, lentos y casi nunca estamos en los charts, ni en los top. No brillamos ni queremos conquistar el mundo. Apenas podemos con nosotros mismos y bastante nos cuesta. Pero tampoco somos provincia de nadie y con eso nos basta.

Yendo a lo que nos compete: a medida que fue pasando la Copa del Mundo, iban creciendo los actos desmedidos de tus compatriotas. Cuando un argentino va ganando parece ese tío mamado hasta las patas en un casamiento, bailando el carnaval carioca con la corbata en la frente e intentando tocarle el culo a la cuñada. Y cuando pierden, es ese mismo tío borracho, pero llorando desconsolado porque vio a la novia nacer y ahora que está casada se da cuenta de lo viejo que está.

Capaz que vos no sos así, pero tus coterráneos si. Chicanas hay siempre, pero muchas pasaron de castaño a oscuro. Burlas y cánticos que terminaron en peleas. Por ejemplo, decir que “los españoles tienen miedo” antes de la final y encima viviendo en España, además de una falta de respeto por quien te da una vida mejor, es una idiotez propia de una turba fanática. 

Pongámoslo al revés: 400 españoles en medio de la 9 de Julio gritan que los argentinos son cagones… ¿Vos cómo lo tomás? ¿Te sentís cómodo con eso? Lo mismo sucedió cuando España eliminó a Uruguay en la fase de grupos. Se viralizó que unos cuantos argentinos chetos en Dallas, cantando “sos una provincia, uruguayo chupapija”. Seguramente vos no fuiste, pero ahí los tenés a tus paisanos. ¿Vos esperás de verdad que algún uruguayo sienta deseos de darte un abrazo cuando España te apabulla a pelotazos en la final? La verdad es que no. Incluso con el afecto que se les puede tener.

Hoy volví a ver un video donde Alejandro Dolina (un coterráneo tuyo) explica que el fútbol se debe vivir con pasión pero sin olvidarse de que hay otras cosas que están por encima de todo. Él lo ilustraba con la siguiente reflexión: “en los mitos árabes hay dos ángeles que interrogan a los que acaban de morir y les preguntan cosas triviales y cosas importantes. Y los que toman las cosas triviales por importantes, y las importantes por triviales, son conducidos al infierno. Bien está disfrutar del fútbol… pero, cuidado, no hay que olvidarse de nada”.

Vos sabes que en el fondo vemos tu enojo pero sabemos que es infundado. Mientras el eco del mundial se apaga, vos sentís que el resto del planeta se ríe como una conspiración en contra de Argentina. Hasta incluso llegaron a hablar de “argentinofobia”. Pero eso no nació de la nada. Y tampoco es una cuestión para siempre. 

Nosotros ya los conocemos. Ustedes dicen con cierto (subrayo: cierto) dolor: “nosotros los queremos pero los chabones no nos quieren”. Bueno, ¿qué uruguayo no tiene un amigo argentino? Sin ir más lejos, yo mismo una vez toqué a un argentino. Resultó que no era contagioso. Igualmente, después me pasé mucho alcohol en gel por las manos (por las dudas).

Vos ahora tenés la posibilidad de ser sincero con vos mismo y ver la imagen que proyectaron. Mientras tanto, no te enojes si los seguimos viendo como a ese primo hermano que tiene más juguetes que el resto pero que aún no sabe andar en bicicleta.

Con real afecto

Un uruguayo que te aprecia

PD: De todos modos, ya sabemos como termina esto. El próximo verano, te vamos a ver en alguna de las playas uruguayas diciendo “¡cuiden essssssto, chicosss!”.

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