Informativo de cierre

¿Qué pasa cuando el propio canal se convierte en la noticia? ¿Qué pasa con los canales de televisión y sus formas de financiación? ¿Cómo afectan las nuevas tecnologías? ¿No será importante mantener el factor humano como valor? Todas estas preguntas se abrieron a partir de esta semana, cuando las autoridades de la Sociedad Televisora Larrañaga (más conocido como Canal 12) decidió despedir a 25 trabajadores para hacer una “reestructura”. Pero el problema que da para pensar aún más que todas estas incógnitas es: ¿por qué tanto silencio entre los propios colegas del rubro? 

Desde estas páginas no tenemos soluciones. Solo más preguntas. Y estas interrogantes nos abren caminos nuevos. Uno de ellos es cómo un medio de comunicación, cuyo eje es la palabra, apenas genera algunas voces en el propio medio y un silencio en la mayoría los demás actores del ecosistema de medios. ¿Hay temor a las represalias? ¿Hay debilidad de las organizaciones sindicales? ¿Hay autocensura? Quizás haya algo de todo eso.

Lamentablemente tienen que suceder estas cosas para evidenciar cuestiones que están incorporadas desde hace décadas. El Grupo Cardoso controla el paquete accionario mayoritario de Canal 12 y participa, además, en empresas de televisión para abonados y otros negocios. Como cualquier grupo empresarial, sus decisiones responden a criterios económicos y de rentabilidad. En ese contexto, la televisión abierta enfrenta una pérdida sostenida de competitividad. No es nuevo. Basta con mirar los recientes problemas que tuvo Canal 10 en 2023 y M24 en 2025. 

Pero no es solo eso. Cada vez más, se está naturalizando una práctica que antes no era habitual: reestructuras de medios que las terminan pagando los trabajadores. Los trabajadores de Canal 12, luego de salir de una reunión en el Parlamento por este tema, culminaron exhortando a sus colegas de otros canales y otros medios a reunirse, para plantar cara ante estas nuevas oleadas de despidos. Es decir, que lo que están reclamando es la vuelta a la organización sindical. Sin embargo, la ausencia de pronunciamientos llama más la atención que el conflicto en sí. 

También hay decisiones que pueden afectar al canal. Por ejemplo, desde las autoridades se habló de cambios imprevistos en la economía o que el gobierno compró los derechos para emitir los partidos del mundial, cosa a la que habían apostado como fuerte línea de ingresos. Pero también es verdad que desde el año 2022 y hasta el 2025, los canales privados (entre ellos Canal 12) recaudaron 1,2 millones de dólares anuales por canal, por permitirle a la plataforma Antel TV sumarlos a la grilla.

Pero volvamos al punto central. Al final del día, lo que está en juego es cómo las empresas de medios piensan competir contra nuevos actores en el mercado y a su vez, cómo este ecosistema de medios no se vea vulnerado por prácticas empresariales de despidos masivos. Este nuevo escenario abre el interrogante sobre cómo impactará en la calidad periodística, en la producción nacional y en la capacidad de los medios para sostener equipos especializados. 

Está claro que los canales deben reacomodar sus esquemas a las nuevas tecnologías y al mismo tiempo, adecuar su modelo de negocio. La pregunta es si una transformación tecnológica puede sostenerse únicamente sobre la reducción de personal o si existen alternativas que permitan preservar el conocimiento acumulado y la calidad periodística. Esas personas son las que día a día ponen su capacidad y su conocimiento en pos de las noticias, y también son quienes aportan criterio y responsabilidad profesional para poner un canal al aire. 

Quizás el mayor desafío no sea económico. Quizás sea romper el silencio. Porque cuando los medios dejan de debatir públicamente el futuro de su propia profesión, el riesgo no lo corren solamente los trabajadores. Lo corre también el derecho de la sociedad a contar con un periodismo fuerte, plural e independiente.

Foto de Tim Mossholder en Unsplash

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